Diez años atrás, parecía que el sistema sanitario funcionaba razonablemente bien. Pero hoy,en Canarias con los embates de la crisis, los recortes, la subcontratación y la progresiva privatización de servicios sanitarios, a pesar de la profesionalidad de la mayoría de médicos y enfermeras, la falta de presupuestos y el profundo autismo de la mayoría de responsables políticos que se esconden en los despachos blindados dibujan un panorama más bien desolador.
A la hora de desarrollar su tarea y atender tal como corresponde a los usuarios de la sanidad, los médicos de cabecera y las enfermeras y el colectivo sanitario en general, tienen que superar un preocupante desánimo. Si en una jornada laboral tienen que atender a muchos pacientes con visitas relámpago de cinco o diez minutos por término medio, no es suficiente para conocer bien el estado del paciente.
El Colegio de Médicos de Barcelona advierte de que la atención primaria en Catalunya ha llegado “a un punto crítico” y que el desgaste y malestar del personal hace la situación “insoportable”, con lo que hay riesgo de “colapso” en los ambulatorios “si no se actúa con celeridad”. En un documento elaborado por medio centenar de médicos por encargo de la Junta de Gobierno del Colegio, los facultativos atribuyen la grave situación a la falta de recursos económicos, con recortes acumulados de más de un 20%, y a “la falta de un proyecto que motive e ilusione a los profesionales”. La atención primaria en Catalunya, que atiende cada año 45 millones de visitas en 369 ambulatorios, donde trabajan 15.000 profesionales sanitarios, “ha llegado a una situación insostenible”, según el documento, que también denuncia la precariedad laboral y una desconfianza creciente entre profesionales y administración.
Los expertos afirman que los recortes han comportado más carga de trabajo, peores condiciones laborales, más presión asistencial, y también han afectado negativamente a la salud de los sanitarios. Los síntomas del síndrome burn out (o síndrome del ‘profesional quemado’), que comporta un fuerte desgaste emocional y físico y una escasa inclinación e interés por el trabajo, son cada vez más visibles a los hospitales y a las consultas. Una encuesta realizada en más 2.700 médicos catalanes revela que el 20% sufren este síndrome sin saberlo. Según este sondeo, el 47% de los médicos reconoce un trato distante con el paciente y el entorno laboral.
En el caso de los auxiliares de enfermería las disfunciones psicológicas también son muy considerables. Según la presidenta de la junta de personal del Hospital de Viladecans, Eliana López, la situación es insostenible: “Hay estrés constante a urgencias y a las unidades de hospitalización. La gente se siente muy superada porque, además de la carga de trabajo, hay un alto grado de responsabilidad. Yo he visto compañeras que lloraban de impotencia, otros que perdían pelo, que vomitaban, crisis de ansiedad… Desde hace cuatro años eso es habitual”.
La doctora norteamericana Linda H. Aiken, una autoridad mundialmente reconocida en la investigación sobre los servicios de salud, la enfermería y el impacto que esta profesión tiene sobre la recuperación y la calidad de vida de los pacientes, recientemente fue investida doctora ‘honoris Causa’ por la UVic. En la capital de Osona, Aiken explicó que tras un completo estudio realizado en 15 países europeos, entre ellos España, se había detectado que los hospitales son muy diferentes entre ellos y que las variables de las enfermeras (formación, número de profesionales) tienen una decisiva incidencia sobre la salud de los pacientes, sobre todo con respecto a las infecciones, complicaciones y tasa de mortalidad. Y resumió su visión diciendo que “las enfermeras salvan vidas y ahorran costes”
Según la doctora, hay mucha variación dentro de la misma Europa. Mientras en Noruega y España todas las enfermeras están licenciadas, en el resto de países analizados tienen diferentes niveles formativos: “Se ha constatado que por cada 10% de incremento en el número de enfermeras graduadas en un grupo, la mortalidad de los pacientes disminuye un 7%.; y que por cada paciente adicional añadido en el grupo de una enfermera, aumenta la mortalidad en un 7% al cabo de 30 días”.
Se da la circunstancia de que en España, uno de los países con mejor formación de estas profesionales, los salarios son de los más bajos de Europa, por lo que muchas enfermeras se ven obligadas a marcharse a otros países para poder mantenerse. Como consecuencia, faltan puestos de trabajo. En España, hay una enfermera por cada médico. Pero para tener una buena ratio, la OMS recomienda tres enfermeras por cada médico. Para Aiken, “los médicos son importantes, pero no tienen tanto impacto sobre los pacientes como las enfermeras, que están en contacto con el enfermo las 24 horas del día. Teniendo muchos doctores, no mejorarán los resultados de los pacientes. Faltan enfermeras”, apunta.
Para la doctora, las enfermeras son básicas en las curas paliativas. Además de controlar los síntomas de la enfermedad, su evolución y su desenlace natural, también son imprescindibles para que los pacientes estén cómodos y no sufran con tratamientos dolorosos innecesarios. Las enfermeras son las defensoras de los deseos de los pacientes. Están todo el día con el paciente y conocen a la familia. De todo el equipo sanitario son las que saben mejor qué necesita y quiere un enfermo al final de la vida.
En algunas ocasiones se dan caso de un importante agotamiento emocional que puede llevar al colectivo sanitario a abandonar la profesión. Amén de tener un sueldo insuficiente, los dos motivos básicos para abandonar son la obligación que a veces tienen de aplicar un tratamiento éticamente no aceptable, o que quieren desarrollar sus competencias, pero el hospital no les proporciona los recursos necesarios para poder hacerlo. La frustración de no poder ejercer su trabajo correctamente es letal. No podemos permitirnos el lujo de abandonar a los profesionales sanitarios en la cuneta.
Si esta situación descrita se da en sistemas sanitarios que de media, cuentan con mayores recursos humanos, técnicos y de inversión diaria, aunque útil como frío indicador social y laboral, no creemos que haya que realizar grandes esfuerzos de cálculo para evidenciar la realidad extremadamente esclavizante que en el País Canario se da en cualquiera de los servicios de primaria, especializada o hospitalaria