La crisis económica, la destrucción de empleo y la precarización del mismo establecen nuevas prioridades para los trabajadores/es y para toda la población en general, así ahora lo que prima es encontrar un empleo o mantener el que se tiene pasando a un segundo plano la consecución de mejoras laborales o la defensa de lo ya conseguido. Tampoco ayudan las políticas y legislaciones de los últimos años en materia laboral y social nada proteccionistas con el trabajador, ni las críticas destructivas que centran sus ataques en los sindicatos no con la intención de mejorar su funcionamiento sino con la de destruirlos y debilitar así la unión entre los trabajadores. A todo esto hay que añadir EL MIEDO, el arma más poderosa de todas. Un sinfín de “Miedos” que van desde perder el trabajo, a quedarse fuera de nuevas ofertas, a ser catalogado de esta o aquella manera, a no pagar las facturas, a no poder mantener a la familia, a depender de otras personas, a estar en riesgo de exclusión social…etc.
Los trabajadores y sus organizaciones siempre han estado cuestionados y teniendo en cuenta las críticas razonadas que se puedan hacer, no deja de ser sorprendente que justo ahora, dada la actual situación, cuando más imprescindible se hace la unión entre los trabajadores, menor consciencia se tenga de esta. Se confirma así una estrategia de descrédito y como no de “miedo” que comienza por atacar y culpabilizar primero a los colectivos más vulnerables como, por citar algunos ejemplos, inmigrantes y refugiados que vienen a quitarnos el trabajo, beneficiarse de todas las ayudas y recursos ,etc. ; pobres a los que se debe mantener, desempleados que no se esfuerzan por encontrar empleo en las condiciones y al salario que sea, trabajadores que han vivido por encima de sus posibilidades, personas mayores y dependientes con bajas pensiones y con una Ley de Dependencia que no termina de arrancar y sin olvidarnos de los jóvenes que , o han abandonado prematuramente los estudios , o que teniendo una formación alta acaban sirviendo hamburguesas en algún país europeo eso que eufemísticamente se conoce como “movilidad exterior” cuando de lo que se trata es de subempleo de toda la vida. Con todo esto se busca eludir cualquier responsabilidad poniendo el foco además en otros asuntos o entretenimientos que, a modo de cortina de humo, dificultan la visualización de los problemas que verdaderamente afectan y por los que tendría mucho más sentido salir a la calle enarbolando banderas.
Es de ingenuos confiar sólo en la clase política y su particular concepto de democracia para revertir esta situación y un error la idea de que la política es sólo “cosa de políticos” y no materia sobre la que deba pensar, opinar y participar al resto de la ciudadanía a no ser que vaya en línea con la doctrina e ideales predominantes. O defendemos nuestros intereses o nadie lo hará por nosotros y esto pasa por demandar y participar de organizaciones más activas, críticas y comprometidas tanto en la defensa de los logros obtenidos como en la demanda de nuevas mejoras laborales y sociales. También se hace necesario buscar nuevos espacios para la reunión, el debate y la discusión de nuevas propuestas ya que esta demostrado que cuando el ser humano le echa cabeza a algo y tiene voluntad puede encontrar soluciones y llegar lejos. La democracia se tiene que ejercer todos los días no basta con hacerle una “fiesta” cada cuatro años.
Alberto Castañeda Concepción
Sección Sindical de Salud Hospital General de La Palma