En paralelo a la foto fija de hipócrita canarismo y repugnante boato que concentró a la mediocre clase política en el acto institucional del 30 de Mayo, las imágenes de una multitud de ciudadanos abroncando al Gobierno y reclamando medidas que paralicen la destrucción de Canarias, fue radicalmente censurada y borrada por la mayoría de medios de comunicación en el archipiélago, y especialmente, por aquellos de financiación pública y administrado por las huestes del déspota, Fernando Clavijo, quién, otro año más, repartió su quincalla de medallas a aquellos que, según la particularísima y arbitraria opinión del gobierno, deben merecer la consideración de “canarios ejemplares”.
El llamado día de Canarias, convertido en un zafio caricato de democracia, censura informativa y burda manipulación españolista de la canariedad, mientras la ciudadanía, esta vez en Las Palmas, recordaba al gobierno de Coalición Canarias y el PP que no pueden hablar en su nombre los mismos que procuran para los canarios la destrucción de su territorio, los bajos salarios, la pobreza para la mayoría de la población, la inaccesibilidad a la vivienda y la sanidad, además de una abusiva cesta de la compra.