Las tropas invasoras de Alonso Fernández de Lugo tras medirse con los guerreros guanches en la Victoria, hieren de gravedad a Bencomo y logran la derrota a los aborígenes quienes huyen en desbandada. No obstante, por prudencia, y ante el desconocimiento del terreno, los conquistadores se repliegan a su campamento por temor a ser objeto de una nueva emboscada como la sufrida en el barranco de Acentejo.