Cuando circulaba por la Avenida Marítima, trasladando como pasajeros a dos mujeres y un hombre, recibe un disparo el chófer de 36 años Feliciano Santana. La agresión se produce por los tiros de unos soldados que custodiaban la fábrica de la luz cuyos trabajadores se encuentran en huelga. De inmediato, el servicio de transportes queda paralizado como protesta por el asesinato, siendo conducidas las guaguas públicas por guardias de asalto y marineros de los cañoneros “Cánovas del Castillo” y “Canalejas”. Para el día siguiente, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) convoca una huelga general, lo que lleva al gobierno a trasladar desde Cádiz a 70 guardias de asalto y 50 guardias civiles. El paro concluiría al día siguiente a excepción de los trabajadores de la fábrica de electricidad y del gas que mantendrían la protesta ya iniciada desde días antes.