
Los impactos de la crisis climática y ecológica son cada vez más visibles: inundaciones, incendios forestales, sequías y olas de calor evidencian la vulnerabilidad de nuestros territorios y la necesidad de ecosistemas sanos capaces de amortiguar estos fenómenos extremos. Al mismo tiempo, advierten de que herramientas de protección ambiental están siendo cuestionadas, precisamente cuando la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad exigen reforzarlas.
La restauración ecológica no consiste en maquillar los daños ni en compensar la destrucción; consiste en devolver vida a los ecosistemas y garantizar que las personas puedan vivir en territorios sanos, resilientes y biodiversos. Invertir en ecosistemas sanos es invertir en resiliencia social y económica”.
Por ello reclama un plan ambicioso, con financiación suficiente, participación social efectiva e integración de la restauración ecológica en las políticas agrarias, forestales, hídricas y territoriales.
“Restaurar la naturaleza es recuperar la capacidad de los territorios para sostener la vida. Es reparar daños acumulados, fortalecer comunidades y construir un futuro más justo y habitable. Frente a quienes consideran la naturaleza un recurso para explotar, reivindicamos que protegerla y restaurarla es una responsabilidad colectiva.