Mi nombre es Agalaf y provengo de las tierras de Atamarazait. Los otros, los de la cruz y la espada, me llaman Juan Canario.Los guerreros del que ahora se hace llamar jefe de mi isla, Pedro de Vera, me apresaron junto a 6 mujeres y doce niños de los nuestros.
Fuimos metidos a la fuerza en uno de sus barcos de vela y fue así como llegamos a la tierra que ellos dicen Valencia. Dos de nuestras mujeres y casi todos los niños llegaron muy enfermos por el viaje.
Aquí, en Valencia, fuimos vendidos como si fuéramos su ganado, al precio de 35 libras cada mujer, pues ellas pueden dejar descendencia y no suelen fugarse. El resto, a 15 libras por cabeza. Esto lo supe con el tiempo.
El 4 de agosto de 1489, según su calendario, pasé a ser propiedad de Alfonso de Cepeda, para trabajar en sus campos y atender su ganado. Así he pasado todos estos años, de sol a sol, sin saber de mi tierra y de los míos, traídos a la fuerza hasta aquí.
Al menos aquí he podido bailar a Magec, pero siempre en soledad, lejos de los otros, pues esto lo consideran herejía. También he podido saludar y despedir a Magec todos los días, como acostumbramos hacer en nuestra tierra.
Al fallecer Cepeda, hace ahora una luna, dejó dicho en su testamento que yo quedaría en libertad por mis buenos servicios pero García de Andrada, uno de los señores heredero de las tierras de Cepeda, me reclama como de su propiedad.
Por eso este año de 1509 decidí huir, pero fui hecho preso. Por eso he reclamado mi derecho a los oficiales de Medinaceli, quienes me han dado la razón tras ver el testamento de Cepeda. Por eso ahora tengo mi carta de ahorría.
Ahora soy LIBRE
Ahora puedo volver a la tierra de la que nunca quise salir.
Pero mi cuerpo ya es viejo y he perdido fuerza. No sé si llegaré a completar el camino de vuelta, a pesar de que sigo siendo un Hijo del Sol.
Que M̡͔agec me acompañe…
Agalaf, el hijo del sol
José Farrujia de la Rosa