En una época en la que buena parte de la narrativa breve parece debatirse entre el intimismo y el experimentalismo, “Aunque el cielo esté roto”, de René Behoteguy Chávez, recupera una tradición literaria que parecía relegada a un segundo plano: la del cuento como herramienta para pensar el mundo. Su colección de veinte relatos no busca únicamente emocionar al lector; pretende también interpelarlo, cuestionarlo y obligarlo a mirar de frente algunas de las grandes heridas de nuestro tiempo.

El libro recorre escenarios tan diversos como Bolivia, Euskal Herria, Canarias, Cuba, Palestina o el Sáhara Occidental. Sin embargo, el verdadero espacio narrativo no es geográfico, sino ético. Todos los cuentos comparten una preocupación común por la memoria, la justicia social, la identidad y la dignidad humana. Más que una sucesión de historias independientes, el volumen funciona como un mosaico donde cada pieza amplía el significado de las demás…

Enrique Salva