En su encarnizada campaña contra todo movimiento opositor, incluidos los centros sindicales de obreros y campesinos, el presidente cubano, Gerardo Machado, ordena el asesinato de unos 50 canarios en el departamento cubano de Ciego de Ávila tras ser falsamente acusados del secuestrado de un rico propietario. Decía entonces el dictador Machado: “No toleraré que los honrados y laboriosos obreros cubanos sean engañados por unos cuantos agitadores comunistas extranjeros, en su mayor parte… “