La presión mediática, que recae sobre el ciudadano de cualquiera de los municipios del país canario, casi haciéndole responsable del actual basurero en el que han convertido nuestro Archipiélago, contrasta con la efectividad de las administraciones públicas en desarrollar la parte más importante que le corresponde, haciendo casi inútil la colaboración ciudadana en la clasificación de la basura doméstica y del conjunto de residuos urbanos.

Sólo el 18% del total de residuos que se generan en Canarias son reciclados, esto es 10 puntos menos que la media estatal que, así y todo, tampoco supone un ejemplo de eficiencia de los gobiernos estatales para la protección del medio natural, incluidas las personas.

Este estrepitoso fracaso de los sucesivos gobiernos de Canarias en la lucha por la protección del medio, el cambio climático y el tratamiento de residuos, no parece vaya a mejorar gran cosa. El progresivo aumento de población en un territorio ya saturado de habitantes y la ampliación de nuevos espacios urbanos, seguirá trayendo consigo mayor generación de residuos sin tratamiento y contaminación y el avance hacia las cada día más próxima hecatombe climática y social.

Entretanto, cada Cumbre del Clima supone una nueva apuesta por prolongar la agonía del planeta. Y de Canarias.