Cuando el servicio público sanitario de Canarias y de Tenerife se encontraba aún bajo el control de Ministerio español de Sanidad (INSALUD), el Hospital Universitario de Canarias (HUC) ya había iniciado en solitario su andadura como centro gestionado y financiado por una institución pública canaria (El Cabildo de Tenerife). Cuando los sindicatos comenzaban su implantación como legítimos representantes de los trabajadores, la plantilla del entonces Hospital General ya daba ejemplo al resto de trabajadores de la sanidad pública y al conjunto de asalariados de la Nación Canaria sobre lo que era la lucha por el logro de derechos laborales, y así, logramos un convenio colectivo que ha sido la aspiración del conjunto de los sanitarios y la clase trabajadora del Archipiélago. La jornada de 35 horas, la jubilación a los 64 años, la guardaría para los hijos del personal, o un comedor subvencionado o la dotación de permisos y libranzas… fueron algunos de los muchos logros de una plantilla que se sacrificaba a por igual para ofertar unas prestaciones de calidad como para reivindicar sus mejoras laborales. A la par, los servicios de especialidades del entonces Hospital General y Clínico, eran la positiva referencia en la sanidad de las siete islas.
Debe ser por la anterior introducción por lo que, antes al Ministerio de Sanidad y ahora al propio gobierno canario, tanto les irrita que nuestro centro de trabajo no sólo pueda mantener parte de aquella laureada idiosincrasia sino que, incluso, hoy se le discrimine y castigue para que no alcance siquiera el nivel medio del resto de hospitales públicos de la isla.
No nos inventamos nada: el menor presupuesto global, la inferior dotación de plantilla, el conchabeo con los centros privados, las peores listas de espera, la humillación del mayor control que se nos impone mediante el fichaje de entradas y salida de la jornada laboral… no son cuestiones baladíes. Pero no queda la cosa ahí: cuando algunos esperábamos un recambio en la gestión que normalizase este cambalache laboral y asistencial o que se diese a respetar ante el ninguneo del SCS, o ante la sanidad privada que hurta a su antojo nuestros presupuestos y pacientes, nos encontramos ahora con una nueva-vieja dirección que ha traído debajo del brazo más de lo mismo, o como dicen algunos, un recambio que hace bueno a lo malo anterior. ¿Seis meses de espera para esto?
Transcurrido ese mismo periodo de tiempo desde que se constituyese el actual gobierno, tenemos que manifestar que no nos gusta un gerente que un día sí y otro también, con o sin su director médico, embroncan a los servicios de nuestro centro sanitario, y desgasta a los que más se esfuerzan. Nos produce nauseas los movimientos de esta dirección que insisten en querer instaurar por encargo del PSOE y de CC las privatizadoras Unidades de Gestión Clínica. No es ni estéticamente asumible, un equipo directivo de enfermería sin rumbo ni concierto, integrado por retales de saldo, al que aunque incorporan a algún elemento de valía, no logra en su conjunto ni el aprobado. No comulgamos con el hecho que se mantengan ni un día más aquellos jefecillos y jefecillas que desde hace tiempo han sido declarados “non gratos” por el conjunto de trabajadores.
Pero también resulta igual de alarmante que se haya acelerado la tendencia y/o la voluntad expresada de más y nuevos profesionales (especialmente médicos) de abandonar el HUC. Son estos, solo algunos de los trabajadores que hartos de ser vejados y ponerles obstáculos en su trabajo, se incorporan a la sanidad privada o otras instancias de la sanidad pública, donde, de inmediato, se les reconocerá una valía profesional nunca valorada por los torpes y necios mandos del HUC.
Y al hilo de lo que al inicio decíamos, nos preguntamos: ¿Forma parte también de la estrategia del gobierno de Canarias de dañar a nuestro centro de trabajo, colocar en la gestión del HUC a lo peor o más mediocre de entre los más de 4 mil trabajadores? Una dirección elegida por sorteo entre toda la plantilla y grupos profesionales del hospital, tendría unos resultados mucho más benefactores que esta cartelera de “ilustres” que ni laboran ni dejan trabajar.