En las islas Canarias no existen las denominadas “crónicas de los vencidos”, es decir, textos de carácter narrativo escritos por los indígenas antes de la conquista europea del archipiélago en el siglo XV.
Esta realidad ha dificultado mucho el conocimiento sobre los antiguos canarios, sobre sus formas de vida, sus costumbres o sus prácticas religiosas, entre otras facetas.
¿POR QUÉ?
La cultura amazigh a la que pertenecen los indígenas canarios se define, entre otros aspectos, por su oralidad, por lo que el etnocidio derivado de la conquista generó la desaparición de buena parte de la memoria colectiva con el paso del tiempo.
La información que ha llegado a nosotros sobre los antiguos canarios está muy condicionada por las fuentes etnohistóricas escritas por los europeos, es decir, por la mirada externa, occidental, no indígena, que se desarrolló entre los siglos XV y XVII sobre el mundo indígena canario.
Los pocos textos que se conservan en las islas, escritos en líbico-bereber o en latino-canario y en soportes rupestres, no tienen un carácter narrativo. Al contrario, se trata de breves registros en los que prima el carácter simbólico, relacionado en ocasiones con el agua o con determinados elementos naturales del entorno.
UN EJEMPLO ENTRE TANTOS: LA CUEVA DEL AGUA
En la isla de El Hierro se localiza la denominada Cueva del Agua, que tiene inscripciones líbico-bereberes. El estudio y la propuesta de transcripción de un fragmento, realizada por Ignacio Reyes, aporta el siguiente texto: ‘Vierte (o fluye) rápido para los verdaderos (o legítimos u originarios)’.
Es decir, podríamos estar ante una cueva (en la que actualmente se siguen produciendo filtraciones de agua) en la que se llevaron a cabo rituales destinados a favorecer el bienestar de la comunidad indígena. El agua era un recurso básico para unas sociedades eminentemente ganaderas como las indígenas canarias.
El hecho de que la cueva sea conocida hoy como “del Agua”, refleja que la toponimia ha mantenido viva la significación originaria que tenía en época indígena, gracias a esa parte de la memoria oral que se ha conservado en el tiempo.
Este ejemplo de El Hierro es uno entre otros tantos repartidos por la geografía canaria.
(La foto refleja el panel del que procede la inscripción y la tomé en el año 2014, con motivo del proyecto rupestre que dirigí, “Escrito en Piedra”).
Jose Farrujia. Doctor en Historia Universidad de La Laguna
