El último incendio forestal ocurrido en Tenerife, además de la pérdida irreversible de amplia áreas de flora y fauna y su impresionante impacto forestal, ha traído consigo la afección sobre la producción apícola con más de 2.500 colmenas quemadas y, otras tantas que, de alguna u otra manera, va a quedar afectadas por la pérdida de floración de las que se alimentan estos insectos.

La solución dada por el gobierno de Canarias a la situación creada en Tenerife es la de solicitar a la Unión Europea, mediante el REA, subvenciones para alimentación artificial de las abejas que, además, irá dirigida a una especie foránea ya introducida en la isla, hecho éste que colaborará a acentuar el desplazamiento de la abeja negra canaria.

La decisión del gobierno ha producido la controversia entre la Asociación de Apicultores de Gran Canaria que es contraria a los métodos de alimentación no natural y a la introducción de la abeja foránea, frente a la de Tenerife que la defiende- según su presidente- por motivos de mayor productividad y beneficio en la comercialización de la miel.

La abeja autóctona canaria se conserva actualmente en La Palma, Fuerteventura, Lanzarote y Gran Canaria, islas en las que está vetada la importación de cualquier especie foránea. Es en Tenerife, La Gomera y el Hierro donde se promueve la importación del insecto foráneo, lo que, lógicamente, colabora en la pérdida de la biodiversidad canaria.

Eso sí, unos y otros reconocen una gran crisis en el sector apícola y la devaluación de la comercialización de la miel como consecuencia del cambio climático y la importante afección que tiene sobre la especie vegetal y las flores de las que se alimentan las abejas. En Canarias, hasta antes de los últimos grandes incendios existían entre 32.000 y 35.000 colmenas para la producción y explotación de la miel.