
Con el generoso reparto de euros y desgravaciones fiscales con los que los gobierno de aquí y allá han agraciado a la totalidad de palmeros, sin que la mayoría de ellos hayan sufrido perjuicio alguno por la erupción volcánica, sólo puede obedecer a la ruindad que tres años después de la erupción el gobierno autónomo mantenga a esas 85 familias en tal situación de humillación y oprobio.
Un tal Pablo Rodríguez, que le dicen consejero de Vivienda del gobierno en la colonia, preguntado por el asunto, se despachó diciendo que “cuando pueda quito las casas contenedor”. Tan sorprendente como las chozas metálicas en los que viven los afectados por el volcán, es que este mal nacido y sinvergüenza continúe aún hoy en el cargo.