Aquí, sobre esta toba volcánica, se juntaban hace cientos de años los guanches de esta zona de Anaga (Tenerife). Aquí celebraban la llegada del verano, anunciada desde tiempos inmemoriales por el solsticio.

En la foto se aprecia, en el margen inferior, una cazoleta y, a lo lejos, la puesta de sol justo por detrás de un roque de Anaga. Este fenómeno se produce todos los años, solo por esta fecha, y fue “marcado” por los guanches con esta estación rupestre desde la que se divisa el comienzo del verano durante el solsticio.

A su vez, desde esta perspectiva, el roque marca el punto más extremo que alcanza el sol hacia el noroeste, en su desplazamiento anual.

Con posterioridad al solsticio de verano, el sol comienza a desplazarse de nuevo en el horizonte hacia la izquierda del roque, es decir, retrocede conforme avanza hacia el invierno.

La estación rupestre en la que se ubica esta cazoleta tuvo, por tanto, un valor importante para los guanches como marcador solar o solsticial.

El control del tiempo y de las estaciones era vital para la subsistencia de una sociedad básicamente ganadera, como la guanche.

Aquí, en Anaga, la fuerza del viento y de los volcanes no ha logrado borrar las huellas de esa memoria, de ese legado que, si se comparte, nos hace eternos y nos permite entender que, sólo cuando comprendemos lo que nos rodea, conectamos con la tierra y con la sabiduría ancestral.

¡FELIZ SOLSTICIO DE VERANO!

Ar emir iyen (hasta otra)

José Farrujia de La Rosa  (Doctor en Historia (Programa de Arqueología y Prehistoria) de la ULL