Jura, tú jura, Leonor, que es por el bien del negocio familiar y si lo piensas bien es un gran chollo. ¿Así que cumples 18 años? Yo me alegro, mujer, que me gustaría que los alcanzaran todos los niños que vengan a este mundo, aunque no sé si tú sabes que los niños de Gaza no los cumplirán. Como tampoco los cumplieron los que fueron asesinados en Israel, o los que mueren en la travesía hasta Canarias y encontramos sus cuerpecitos fríos en el fondo del cayuco. Ellos no juraron, ni jurarán los que aún sobreviven bajo la masacre.

 

¿Sabes, Leo? Para ti todo fue sopita boba, que así te dieron a conocer, comiendo sopita como si no hubiera un mañana. ¿Qué pensaría Mafalda? Puag, diría. Una vida de vestiditos rosa, colegios en castillos de Harry Potter, lectura de los discursitos que te escriben, besitos a la bandera y ahora jurista. Eres igualita a todas las niñas de tu generación, no hay una sola en España que no haya pasado por lo que tú.

 

Mira, a tu edad, mis alumnas de la facultad de medicina han hecho ya un bachiller brillante, estudiando en colegios públicos la mayoría, y han sacado una nota de al menos 9’5 sobre 10 en la selectividad. Te informo: la selectividad es un examen al que se presentan los chicos y chicas de tu edad que quieren ir a la universidad y sólo los que consigan notas altísimas pueden acceder a las carreras más solicitadas. Te parecerá absurdo como un belga por soleares, pero eso es porque tu selectividad es genética. Los de tu estirpe, así lo aceptan los españoles, nacen con la selectividad bajo el brazo.

 

No sé si has reparado en esa gente que limpia los palacios donde vives, las que pasan la escobilla cuando tú vas al retrete, que digo yo que aunque seas princesa tanta sopita te llevará allí tarde o temprano. Que todo esté limpio para ti puede llegar a parecerte natural como que el sol salga cada mañana. Pero te juro, que a mi edad yo también soy jurista, que para que todo esté así de mono es necesario que haya gente que limpia lo que tú ensucias.

 

Verás, apenas un año más que tú tiene una de las personas que cada madrugada limpia el lugar donde trabajo en el hospital. Al igual que tú no fue buena estudiante, pero no porque tuviera un abuelo ladrón, sino porque tenía un padre violento. Ni ella ni sus hermanitos golpeados jurarán hoy nada. Sólo tú eres jurista. Pero eso es hasta que ellos digan basta y decidan que te examines como todos.

 

Antonio Cabrera de León