Es difícil haber vivido en la segunda mitad del siglo XX y no tener conocimiento del exterminio al que los nazis sometieron a los judíos. Es difícil, primero, por el horror insuperable que el Holocausto en sí mismo supuso. Pero también porque el esfuerzo realizado por la comunidad judía internacional para que aquel horror se conozca y su memoria no decaiga ha sido permanente tras la derrota de los nazis. Fruto de ello se han publicado miles de libros y se han filmado miles de películas.
Sin embargo otros horrores de los mismos nazis en la misma guerra fueron aún mayores, si al número de muertos nos atenemos, pero son desconocidos para la población de muchos países. Junto a los 6 millones de judíos, fueron masacrados otros 5 millones de europeos por ser gitanos, o de izquierdas, o simplemente demócratas. Ellos sufrieron el mismo Holocausto. Pero además fueron asesinados unos 20 millones de rusos que defendían su país, la mayoría de ellos cristianos, si de religiones hablamos. Estas muertes no han sido recordadas por miles de películas ni miles de libros.
Ahora se proyecta en las salas de cine El Brutalista, buena película que está teniendo gran reconocimiento en el mundo de los premios. Como película los merece, pero cuenta además con el aliento del entramado cinematográfico sionista para que sea elevada a los altares. Porque se puede hacer una buena obra pero utilizarla para la propaganda de lo ilegítimo, y éste es el caso. El Brutalista no se limita a contar la historia de un arquitecto judío que sobrevive a la matanza nazi emigrando a EEUU.
El Brutalista introduce, sin venir a cuento en lo que podría haber sido una hermosa historia de lucha de un arquitecto brutalista por sacar adelante sus proyectos siendo un inmigrante, una vez más la justificación de la creación del Estado de Israel. De eso va la película realmente, de crear una obra de arte para ponerla al servicio de la causa sionista. Nada muy diferente a lo que en su día hizo Leni Riefensthal para el Reich de los nazis.
Es completamente falso que el rechazo a los judíos en EEUU, que existió, fuera o sea mayor que el rechazo a los inmigrantes irlandeses, en su día, o a los hispanos hoy. Y ya del rechazo a los negros no vamos a hablar.
Del actual genocidio que los descendientes de quienes sobrevivieron al Holocausto perpetran contra la población palestina, no se harán miles de libros ni miles de películas. Al contrario, cuando se ha realizado algún excelente documental, como “ No Orther Land”, se le ha puesto todas las dificultades posibles para su proyección. La larga mano del sionismo se ocupa de ello.
Pese a todo, el sionismo no ha podido impedir que centenares de periodistas, móvil en mano, se hayan jugado la vida para contar y filmar sus crímenes que, al igual que los de los nazis, no prescribirán nunca. Muchos de esos periodistas fueron también asesinados por los mismos genocidas. Hoy el mundo entero sabe que el sionismo, brutalismo al margen, es tan brutal como el nazismo.
Antonio Cabrera de León