Se acerca, inexorable, el colapso de la sanidad pública. A menos que la gente se subleve, que no parece, nos dirigimos a toda velocidad hacia una sanidad tan deteriorada que sólo el 30% más pobre de la población será, resignadamente, usuario exclusivo de la misma.
No busquemos listas de espera quirúrgicas o de pruebas diagnósticas. El indicador apropiado es el más básico: ¿Cuánto tiempo tarda usted en conseguir una cita cara a cara con su médico de familia? Nada de consulta telefónica ni virtual, que pueden ser válidas para según qué problemas. Si no lo sabe y le interesa el tema, averígüelo, coja el teléfono y pida una cita presencial. Si se la dan en las primeras 24 horas póngale una nota de 10; vaya quitándole un punto de la nota por cada día de más: 48 horas un 9, 3 días un 8…, más de 6 días suspenso (un 4); con más de 10 días (un 0) tiene usted una sanidad profundamente deficiente, moribunda.
Vargas nunca entendió que la pregunta no era cuándo, sino cómo se jodió el Perú. Para la sanidad el cuándo empezó cuando González pensó que lo de Lluch le costaba mucho y encargó el informe Abril. La cosa empeoró cuando Aznar introdujo una ley para privatizar la gestión de lo público, y el punto final llegó cuando Rajoy recortó todo lo público. Pero la pregunta es ¿Cómo jodieron la sanidad? Fácil: infrafinanciación y lucro. Es decir, invertir menos de lo que la salud de la gente necesita, y favorecer que la empresa privada se lucre con una porción creciente del presupuesto público.
Esta fantástica nave que ha cuidado la salud de los españoles aún se mantiene a flote, pero ha sido cañoneada durante largo tiempo y puede hundirse definitivamente para alegría de aseguradoras privadas y ultraliberales de catecismo. Ignorantes de todo pelaje, sin formación sanitaria alguna, son puestos a dirigir la sanidad. En contrapartida quizá los médicos tendrían que pilotar aviones o mandar al ejército.
Para acabar de destrozarla, han añadido la inmoralidad en la gestión. Lo mismo compraron mascarillas a concesionarios de coches que a aristócratas casposos, o a hermanos de la presidenta frutera. Esto supura: miles de mujeres en Andalucía no fueron informadas del resultado de sus mamografías y algunas tienen cáncer. Intentan mentir sobre ello, pero aparecen 90.000 mujeres más en Valencia y algunas morirán de cáncer ¿Cuál es la situación de Canarias? ¿Cuántas pruebas diagnósticas se privatizan aquí? ¿Somos ya la Comunidad con la sanidad más privatizada de España? ¿En qué ha mejorado eso nuestra salud?
¿Puede un consejero de sanidad impedir el traslado al hospital de unos viejos moribundos y no ser procesado? ¿Ni siquiera después de saberse que murieron 7291 viejos en esas circunstancias? Si no avisas a la población de la Comunidad que presides de que viene una riada, y viene, y se ahogan 230 personas, pero no dimites ¿Debo extrañarme de que ahora te aparezcan 90.000 mujeres asustadas en tu consejería de Sanidad?
Fueron hermosas las palabras de un político alabando que al barrendero le trataran el cáncer igual que a él, en lo que aún nos queda de sanidad pública. Pero las pronunció en un foro organizado por la patronal del aseguramiento privado, y ahí se trabaja para que el próximo barrendero no se siente en la misma sala de espera que el político.
Antonio Cabrera de León