El dron sobrevolaba la plantación: no vigilando a los obreros, sino a los inversores.

—Traemos democracia.  ̶ dijeron los informes de la metrópoli, sellando el destino de la pequeña república sureña.

—Traen hambre.  ̶ Susurró el líder sindical local poco antes de que su voz fuera silenciada por el servicio secreto extranjero.

Mientras la cosecha viajaba al norte y las armas iban al sur, el pueblo intercambiaba su soberanía por deudas. Todo tras unos silencios provocados por complicidades e ignorancias a partes iguales. Justo lo necesario para seguir enriqueciendo a un Norte que agotó sus recursos naturales hace tiempo y vuelve a necesitar esclavos.

Pedro González Cánovas