Transformar al paciente encerrado en un ciudadano con plenos derechos de atención y dignidad, supuso una lucha importante no exenta de dificultades y resistencias, estuvimos entre otros profesionales impulsados por Rafael Inglott que acaba de fallecer, en esa tarea de cerrar los manicomios que estaban basados en el aislamiento, con grave estigmatización y pérdida de autonomía personal que anulaban su dignidad y sus derechos humanos, fueron instituciones cerradas de reclusión y control social.
Nos empeñamos desde la sanidad pública en avanzar hacia la psiquiatría comunitaria, que junto con los nuevos fármacos y terápias hizo posible controlar los síntomas sin necesidad de reclusión. Luchamos por potenciar las redes de apoyo, hoy olvidadas e insuficientes, al igual que con los profesionales de Salud Mental, insuficientes y sin verdadera integración, luchamos por la creación de unidades de agudos dentro de los hospitales generales para mantener al paciente en su entorno social.
Todo esto se lo debemos a Rafael Inglott entre otros, una reforma que potenció y que sigue sin concluir.
Se requieren más unidades de salud mental, mayor integración en los Centros de Salud, hospitales de día y unidades de rehabilitación tanto laboral como psicosocial, tenemos muy pocos pisos supervisados y mini residencias, y cuando los pacientes se van haciendo mayores son mal tratados y segregados, los menores de edad con trastornos mentales tampoco cuentan con suficientes y recursos.
La reforma supuso el derribo de los muros asilares para transformar al paciente encerrado en un ciudadano con plenos derechos de atención y dignidad, pero queda muchísimo por hacer, ayer leía que las drogas, el alcohol y los psicofármacos están presentes en seis de cada diez fallecidos en accidentes de tráfico en Canarias en el 2025, y que estuvieron presentes en casi el 60% de los fallecidos en siniestros viales en el Archipiélago. La reforma psiquiátrica sigue siendo una asignatura pendiente en las islas.