Conviviendo con la corrupción grande, la del descomunal saqueo de lo público, ahí está la corrupción pequeñita, la de choriceo ratero hasta de las migajas que se destinan a las ayudas sociales, o las dietas que no corresponden o las gruesas facturas por comercio, bebercio y fornicio… En la derecha no es menos condenable, pero sí más comprensible, porque ya sabemos que esa chusma de altos vuelos considera que la pasta pública es su caja fuerte y su caja chica. Pero que quienes se atreven a presentarse como izquierda, se caguen las manos (no se tienen que insultar, es un canarismo muy fiel al significado) por unas perras, miserables, para quien percibe opíparos sueldos, pero notables para quienes nos han dejado atrás, que esa supuesta izquierda, digo, sea psoeísta o masista o lo que sea, mangue unos euros, resulta muy congruente con ese concepto de la política ramplona que ejecutan, muy lejos de lo que supone ser de izquierda. Para mí, que los peperos se mamen las perras de las ayudas sociales, me jeringa, pero un pizco. Que lo haga, sin ir más lejos, Mónica García, que hasta antier me parecía lo poco salvable de ese partido de oporunistas ramplones, me luce dramático. No hay nada que puedas hacer, Mónica. Si me dices que no te diste cuenta, peor me lo pones. Te cito algo que acabo de escuchar, dicho por Lobato en la Asamblea de Madrid: “Quien lo pide y lo consigue, lo cobra. Quienes no lo piden, no lo cobran”. ¿Te queda claro? Aunque devuelvas esa para ti miseria que arramblaste, no limpias el barro con que te has chingado. ¿Qué cara vas a poner, cuando censures el pillaje pepero? La cuantía es importante, pero el concepto, también. Sea por allá arriba, en el continente o sea acá, en Canarias, donde, como dice Aguilera Klink , la cosa es peor todavía, aunque Julio Pérez, responsable real, ponga cara de “yo no he dido”.

Chema Tante