¿Qué reflexión les genera a ustedes el “Día de Canarias”?

A mí, personalmente, me parece que desde determinados sectores con importante alcance ideológico-político y cultural, se está convirtiendo a nuestra identidad en un privilegiado objeto de estudio para las ciencias sociales. Por ejemplo, lo que queda del campesinado y del mundo indígena se sigue utilizando para legitimar identidades políticas.

Pero desde esos sectores populistas se obvia que la cultura indígena pasó a ser objeto de estudio por parte de investigadores, debido a su progresiva desaparición desde el siglo XV. 𝐄𝐥 𝐞𝐭𝐧𝐨𝐜𝐢𝐝𝐢𝐨, 𝐥𝐞 𝐝𝐢𝐜𝐞𝐧.

Y hoy en día, las tradiciones del campo, de nuestros mayores, están también abocadas a convertirse en material de antropólogos y buscadores de vestigios, especialmente desde la década de 1960, cuando Canarias puso proa hacia el turismo. 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐦𝐚𝐬𝐢𝐯𝐨, 𝐥𝐞 𝐝𝐢𝐜𝐞𝐧.

Nuestras tradiciones ya atraviesan, de hecho, por un profundo proceso de desnaturalización, pues asistimos, en pleno siglo XXI, a la búsqueda de elementos antiguos de decoración y “ambiente canario” para tascas, apartamentos y “rincones típicos”. 𝐂𝐨𝐦𝐞𝐫𝐜𝐢𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐥𝐞 𝐝𝐢𝐜𝐞𝐧.

El actual sistema desarrollista canario nos convierte en un vestigio de lo que fuimos, para llevarnos hacia algo que no queremos ser. 𝐏𝐞𝐫𝐝𝐞𝐫 𝐥𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐥𝐞 𝐝𝐢𝐜𝐞𝐧.

Nuestra tierra se desmorona por el peso insoportable de este modelo, y para muestra o ejemplo, la imagen que acompaña a esta publicación, de una vivienda tradicional canaria en el medio rural.

José Farrujia de la Rosa