Ni con la presencia de los Reyes de España han logrado atraer a la ciudadanía canaria a las demostraciones y desfiles belicistas celebrados en el Archipiélago ayer y hoy. Es calculo es fácil: más de 6000 militares participantes y apenas 12.000 personas como público. Más atrae un concierto de Quevedo o una Cabalgata de Carnavales.

Fue la más pura evidencia de la crónica de una vergüenza anunciada: en Canarias sigue sin convencer lo del belicismo y sus “procesiones”. Ni trayendo a sus más señaladas “estrellas”, Felipe y Letizia, los organizadores han conseguido unos mínimos de presencia para reivindicarse. En realidad, todo ha quedado en la típica celebración con familia y amistades, a razón de dos o tres por cada soldado participantes. Y es que, para quien le guste, eso de ver desfilar al papá o al hijo, soportar el rugido de aviones de acrobacia y hacerse un selfie con un “juego de guerra” detrás, sigue siendo el orgasmo emocional de los que viven o sobreviven gracias al oficio de soldados del sistema.

Todos somos conscientes de la altísima presencia de militares en Canarias. La proporción está a la altura de las zonas altamente militarizadas. Menos mal que tienen prohibido el uso de la uniformidad porque de lo contrario el “cante” sería mucho más evidente y clarificador. Pero ni así. No sé vieron colas, ni acampados previas para ver a los “otánicos”. Jóvenes pocos, mucho nostálgico de edad y bastantes familiares con ganas de sumarse a esta otra demostración del “día del orgullo”, en este caso militarista.

Hasta la prensa colonial, muy dada a la foto facilona y “a la orden” no hay podido producir demasiado material de propaganda. Sus majestades de ellos, aprovecharon para darse un saltito a La Palma en busca de otra fotito facilona. Aquellos que aún viven en los barracones seguro que estarán muy reconfortados por ello.

La Raíz