Cuentan quienes guardan memoria de aquellos tiempos que, en época guanche, un gánigo lleno de leche representaba el bienestar de la comunidad y, cuando se procedía a romper el gánigo, el roto era reemplazado por uno nuevo que simbolizaba el bienestar que se esperaba para el nuevo año.

El gánigo también era usado para llevar a cabo los pactos de colactación, es decir, la unión entre miembros de distintos bandos o etnias, mediante el ritual simbólico de beber leche del mismo gánigo. Los que bebían quedaban emparentados hasta el extremo de ser considerados hermanos/as a todos los efectos.

Por su parte, los collares de cuentas, elaboradas en barro cocido, eran elementos de adorno personal y son hallazgos habituales en las cuevas de enterramiento, formando parte del ajuar funerario, aunque también han aparecido en las cuevas de habitación.

Por la gran cantidad de cuentas de collar que se han conservado en los yacimientos, este elemento de adorno debió ser muy importante y de uso frecuente para los guanches.

Los cordones con los que se elaboraban los collares, al ser fabricados con materias orgánicas perecederas (fibras vegetales o cuero), no se conservan. Por eso las cuentas de collar se suelen encontrar en los enterramientos, en torno al cuello o en las zonas próximas al pecho.

Gracias al amigo alfarero Fredi Garcia por reemplazar mi gánigo roto por este otro, el de la foto. Gracias a la amiga alfarera Cristina Toledo Siverio por el collar. Ambos regalos me llegan como intercambio por “Memorias guanches”