
Convocados durante la noche a golpe de caracol, los amotinados tomaron por la fuerza las llaves del granero del Mayorazgo para distribuir ordenadamente el trigo, previo pago, en cantidad proporcional al tamaño de cada familia. Los sublevados expulsaron de Arucas al comisionado militar, arrebataron los papeles del escribano-receptor enviado por la Audiencia y mantuvieron diversos encontronazos con las autoridades locales y el mando de las milicias. En el proceso abierto por el fiscal y los jueces del motín se entrevé que existieron múltiples y cruzadas complicidades en la sombra, que los propios implicados van desvelando en sus declaraciones. Al final de la contienda, los siete líderes del motín fueron encarcelados, procesados y condenados por el tribunal de la Audiencia