
El dato desnuda la operación. La muestra está organizada por el Ejército del Aire y del Espacio junto a Airbus y se instalará en la explanada de Las Arenas para acercar a la ciudadanía las capacidades de este avión, con una maqueta a tamaño real junto a paneles informativos que podrá visitarse de forma gratuita del 6 al 13 de septiembre de 14:00 a 21:00 horas y en la que incluso se permitirá al público subir a la cabina para explorar su interior. No es divulgación tecnológica, es una puesta en escena cuidadosamente coreografiada.
Porque un Eurofighter Typhoon no es un objeto neutro ni un prodigio aséptico de la ingeniería. Es un arma de superioridad aérea y bombardeo, con un coste superior a los cien millones de euros por unidad, columna vertebral de las intervenciones de la OTAN en Libia y de las misiones de disuasión en el Báltico, y producto estrella del complejo militar industrial europeo que encarna Airbus. Su función no es ilustrar, es matar. Presentarlo como atracción familiar entre la tienda de ropa y la zona de ocio es una operación de transmutación ideológica que busca que lo excepcional se perciba como festivo, fotografiable y deseable. Es la banalización del mal en versión insular, la versión más refinada de lo que Althusser llamó el funcionamiento de los Aparatos Ideológicos del Estado
Aquí converge la alianza estratégica entre el capital armamentístico, el capital comercial y los medios de comunicación oligárquicos. Mientras la prensa hegemónica repite sin rubor el parte oficial edulcorado de acercar la defensa aérea a la ciudadanía, invisibiliza deliberadamente la pregunta esencial: quién ha pedido que se acerque la guerra a nuestros hijos. Y ese es el núcleo más grave de la maniobra. Se persigue una socialización temprana en la lógica militarista, que el menor asocie el caza con juego y aventura y no con bombardeos sobre poblaciones civiles, con presupuestos militares obscenos mientras se recortan la sanidad y la educación públicas y se hace inaccesible para amplias capas de la población, sobe todo jóvenes, el derecho a una vivienda digna. Al ubicar la máquina de guerra junto al ocio y el consumo familiar se busca desgastar la histórica conciencia pacifista del pueblo canario, ese pueblo que votó mayoritariamente NO a la OTAN en 1986 y se levantó contra la guerra de Irak y contra el polígono de tiro de Pájara, normalizando la violencia bélica ante ciudadanos de todas las edades e integrándola en la cotidianeidad urbana.
Canarias vuelve a ser utilizada así no solo como plataforma geoestratégica al servicio de la OTAN y de las dinámicas imperialistas en la cuenca atlántica y el noroeste africano, con Gando convertido en portaaviones insumergible y con ejercicios como Ocean Sky como escaparate, sino como laboratorio de persuasión ideológica. Ya no basta con controlar el espacio aéreo y marítimo, se trata de ocupar el espacio simbólico y subjetivo de la población para recabar el consentimiento que permita sostener esa función. Necesitan que olvidemos que somos un territorio tricontinental y fronterizo que sabe lo que cuesta la guerra, que vive José Manuel Rivero que vive en la vecindad inmediata del Sáhara Occidental ocupado y del Sahel saqueado.
Frente a este despliegue, la denuncia no es opcional, es un imperativo ético y político. Reafirmar el compromiso indiscutible de Canarias con la paz, la neutralidad activa y la desmilitarización de su territorio, exigir el fin de estas operaciones de blanqueamiento bélico en nuestros espacios de vida y reclamar la salida de la estructura militar atlantista no es radicalismo, es legítima defensa democrática. No quieren que lo veamos, pero nos han traído la guerra al centro comercial.
José Manuel Rivero. Abogado y analista político