En lo alto de las montañas sagradas, donde el cielo toca la tierra y el viento aún susurra palabras antiguas, ahí se inicia nuestro nuevo ciclo.

Cuando las noches son más cortas y el calor regresa, nuestra gente sube al risco, como lo hicieron desde siempre los más ancianos de nuestro achimenceyato.

Aquí, con los pies descalzos sobre la piedra, cantamos la historia de Magec, el Sol que un día fue atrapado por la oscuridad… hasta que fue liberado con ajijides, fuego, esperanza y bailes.

Es en estos momentos cuando nuestro Guañameñe le habla al cielo, cuando los primeros rayos del amanecer rompen la sombra del invierno y Magec “toca” nuestro risco al descender hacia el mundo de los invisibles.

Es el renacer del Sol. Es el regreso de la vida. Así comienza, una vez más, el eterno ciclo.

Por eso seguimos subiendo a las montañas, para escuchar las palabras antiguas y cantarle a Magec cuando une el cielo con la tierra.

Somos los hijos e hijas del sol. Nuestra memoria es eterna, como la luz de Magec que nos ilumina y guía.

Ar emir iyen

En la foto se aprecia el atardecer del solsticio de verano, justo en el momento en el que el sol, al descender, “toca” el Roque, anunciando el inicio del nuevo ciclo y la estación seca. Este fenómeno se divisa desde este yacimiento y se produce tan solo una vez al año, por estas fechas, por lo que estamos ante un claro marcador solsticial, un lugar de culto y celebración para los guanches. Con posterioridad a este momento, el sol comienza a desplazarse hacia la izquierda en su camino hacia el invierno, por lo que el referente geográfico establece el punto extremo al que llega el sol en su desplazamiento. Más información en los libros: “Escrito en Piedra” y “Cuando el cielo nos habló”.

José Farrujia de la Rosa