Todos somos franceses. Allí se juega hoy el futuro de las clases trabajadoras de Europa y del mundo. Al final va a ser verdad lo de la aldea de los irreductibles galos. Hemos vuelto a los finales del siglo XVIII. Sólo ellos parecen plantar cara. O triunfan los nuevos revolucionarios, la mayoría de los cuales no saben que lo son, o gana el autoritarismo del nuevo Bonaparte y generaciones enteras de seres humanos serán condenadas a una vida indigna.

Pensar que en países del nivel de riqueza de Francia o España haya niños que no desayunan porque no hay comida en casa. Pensar que las trabajadoras de Inditex hayan tenido que hacer huelga para que Amancio y sus hijas accedieran a subirles el sueldo. Tener estudiantes universitarios que se saltan alguna comida para ahorrar. Parir millones de jóvenes que luego no pueden tener un hogar, ni un lugar para crear una familia. Toca enseñarles a sublevarse, acompañarlos en su lucha, hablarles de Raimon, cantarles sus canciones: al vent, les mans al vent, hemos visto el miedo, nosotros no somos de ese mundo, digamos no.

Europa no sobrevivirá sin importar 65 millones de inmigrantes, pero hoy los matamos en el Mediterráneo, en Ceuta, Melilla, o Turquía. Los encerramos en cárceles de Grecia o de Canarias. A los que dejamos entrar los metemos en guetos inmundos para que allí procreen y nos den niños que vivan en la miseria. Banlieus en Francia, Cañadas en España.

Sublévate, muchacha, contra quienes proponen que no haya salario mínimo y que vivas de las propinas. Ayuda a quien los vota a decir que no. He visto a una médica de familia llorar porque no puede evitar sentirse de derechas y votar a Ayuso, aunque sabe que ésta destroza su trabajo y deja sin sanidad a sus pacientes. No podemos ser de ese mundo, digamos no.

Gobiernos que desinvierten en sanidad, educación pública, pensiones o dependencia. Piensa. Políticos inmorales que desde ayuntamientos, cabildos y diputaciones entregan las residencias públicas de los viejos a la gestión de empresas privadas que se lucran matándolos de hambre o de COVID19. Piensa. Deja la caña un momento y piensa. Servicios privados para ricos y caridad y miseria para los trabajadores. No sólo para ti, sino también para tus hijos y tus nietos. Piensa. Si Francia se rinde todos habremos sido derrotados. Coge tu chaleco amarillo del maletero del coche. Pídele calle a tu sindicato. Más calle y menos despacho. Revolución o precariado por los siglos de los siglos. Uncidos al yugo eternamente tú y tus descendientes si logras tenerlos.

La Francia de Colombia es otra Francia pero es la misma Francia. Negra, trabajadora, luchadora sin desmayo. Por esa Francia tienen los trabajadores colombianos un Presidente que piensa en ellos. Tú eres Petro y sobre este Petro edificaré mi iglesia, dijo Francia. Declárate creyente.

 

Antonio Cabrera de León