José Farrujia

Corría el año de 1494 cuando Idaira, procedente del Menceyato de Anaga, pasó como esclava al servicio del capitán general de la ciudad de Granada, don Íñigo López de Mendoza.

Tras haber sido capturada en Tenerife y vendida en el mercado esclavista de Valencia, el 12 de agosto de 1494, Idaira, de 30 años de edad, pasó al servicio de don Iñigo y con el tiempo fue apreciada por sus buenas prácticas como curandera.

De hecho, en la documentación de la época, Idaira fue registrada en el escrito de venta con el nombre de “Azemeyeguegua”, pues esto es lo que cuentan que ella gritaba desesperadamente tras haber sido apresada.

Hoy sabemos que en su lengua indígena, “Azemeyeguegua” quiere decir “la que sutura heridas”, “la que cose rajas”. Y esto es lo que ella gritaba a los soldados castellanos que la capturaron, para hacerles ver que gozaba de un estatus social reconocido entre los suyos… y por eso no podía ser esclava.

En la Alhambra de Granada pasó el resto de su vida, curando las heridas de guerra de “los otros”… en las tierras que un día también fueran de los suyos, los imazighen Ziries, quienes construyeron la ciudad en el año 1013.

José Farrujia de la Rosa