Los dirigentes políticos europeos y sus periodistas mercenarios llevan unas semanas con una campaña inflamatoria para despertarnos las ganas de meternos en una guerra. Gobiernos democráticamente elegidos mienten a su población sobre enviar soldados a morir matando rusos (siempre nuestros hijos, nunca los suyos), o enviar a Ucrania misiles con los que pueda atacar territorio ruso (ocultando que Rusia podría devolvérselos al país fabricante); y mienten igualmente ocultando que aumentarán el gasto militar mediante recortes en prestaciones sociales.

 Intentan evitar que sus conciudadanos miren imágenes de Gaza y piensen que si su país se mete en una guerra, los europeos pasarán a ser los nuevos palestinos, como ya lo fueron tantas veces en su sangrienta Historia. Es tal su servidumbre a intereses ajenos a los de sus países, que estos dirigentes prohíben o dificultan los derechos de expresión y manifestación en apoyo del pueblo palestino masacrado por los israelíes, mientras los periodistas silencian o minimizan la repulsa de la gente común ante el genocidio.

 Les animo a buscar una foto de cómo era Gaza hasta el día previo al ataque terrorista de Hamás, y otra de cómo es hoy tras 6 meses de exterminio. Imagino que habrán visto fotografías similares, aunque quizá no hayan comparado el antes y el después. Pero sobre todo, es probable que no hayan pensado que eso puede ocurrirle a su ciudad, su casa, y su familia entera. Si los dirigentes y periodistas belicistas logran inocularle la inflamación, tal vez acabará usted apoyando que su país entre en guerra y que sus hijos mueran matando a los hijos de los trabajadores de otro país. Estará usted poniendo los cimientos para que de su ciudad y su casa no queden sino los escombros.

 Soy partidario de ayudar a cualquier pueblo invadido que quiera desalojar a su invasor. Pero ni eso incluye una guerra distinta a la expulsión del agresor, ni podemos dejar de trabajar para un rápido armisticio y acuerdos de paz. Rechacemos la inflamación guerrera que puede convertir Europa nuevamente en un campo de batalla. La sanidad, educación, investigación y solidaridad social nos hacen mejores, la guerra no.

 Antonio Cabrera de León