Más sangre, por favor, más muerte. Al sionismo no le basta con asesinar 20.000 niños en menos de un año y a sus madres también. Más, necesita más para no dejar de cabalgar como el jinete del Apocalipsis que es. Usa los fémures de sus asesinados como palillos de dientes para su inmensa dentadura de fiera sin límites.

Carece de importancia la vida de cualquier animal humano palestino, tenga la edad que tenga, o pretenda una estúpida inocencia. Se les puede matar mediante un disparo en la cabeza cuando un soldado sionista quiera divertirse, o cuando se aburra, o cuando sospeche, o cuando no sospeche. Matarlos cuando, muertos de sed, acudan a un suministro de agua dispuesto como un campo de tiro al negro. Matarlos mientras son bebés recién nacidos para que su padre disfrute de sus cadáveres y el de su madre cuando vuelva del registro civil en el que acababa de declarar su nacimiento.

Empiezan, humanos al fin, a enloquecer los soldados sionistas tras meses de matar palestinos, matar, matar. Así enloquecieron los miembros de las SS en Ucrania tras meses de asesinar colas sin fin de judíos ametrallándolos al borde del hoyo. Visto que enloquecían hasta los criminales más impíos, el nazismo ideó la solución final crematoria. Hoy, ante el mismo problema, el sionismo emplea la muerte a distancia, guiada por inteligencia artificial, que permite matar como en un videojuego, sin mancharse. Pronto entrenarán a la infancia sionista para que juegue con ellos, supongo.

Pero no basta. Al monstruo sionista no le basta con nada. Lleva meses intentando extender los campos de la muerte a Irán, Líbano, Yemen, o Siria. Igual que los nazis empezaron por Polonia y luego fueron expandiendo el exterminio por toda Europa, hoy los sionistas sueñan con extender su genocidio hasta lograr el “Gran Israel”.

Cantaba Alí Primera que “…Usted no me va a creer, pero hay escuelas de perros y les dan educación…”. De la misma manera comunico a quien me lea que “…Usted no me va a creer…” pero algunos rabinos de las más enloquecidas jaurías sionistas consideran que ese Israel grande debe abarcar todo el Sinaí, gran parte del Norte de Egipto, toda Jordania, gran parte de Arabia, todo Kuwait, parte de Irak, todo el Líbano, toda Siria, gran parte de Turquía y todo Chipre. Documentado está.

El alto mando nazi sabía, a finales de 1944, que su guerra estaba perdida. Pero intentaron hasta el fin disponer de la bomba atómica para arrasar Inglaterra y Rusia; lo habrían hecho incluso sabiendo que perderían igualmente la guerra. Hoy el alto mando sionista sabe que también su guerra está perdida. Saben que es demográficamente imposible que una población de 7 millones de judíos, que ya son menos porque se están yendo, y que aunque son mayoritariamente sionistas no todos lo son, pueda derrotar a los millones de musulmanes que les rodean y que hoy asisten a la retransmisión de su propio genocidio. Pero a diferencia de los nazis, los sionistas disponen de armas nucleares; la única razón para no usarlas, si es que la razón se puede suponer en gente así, es que en su huida hacia Europa y Norteamérica serían señalados como genocidas nucleares.

Los 16 millones de judíos que en el mundo hay, tienen que parar la masacre sionista, aceptar la derrota y disculparse ante los 1800 millones de musulmanes. Cuanto antes lo hagan más vidas se salvarán. Luego podremos discutir si cabe la solución de los dos Estados, en la que no creo, o la un Estado único y reconciliador, difícil pero no imposible, o la reintegración a sus países de origen. Si tomamos como referencia el siglo XIX, Palestina no es el origen de más allá del 1% de la población judía mundial.

Antonio Cabrera de León