Nuestras abuelas decían que “con las cosas de comer no se juega”. Cuando maltratamos a los agricultores y ganaderos, estamos jugando con la gente que producen las cosas de comer. Soy nieto de campesinos que hace más de setenta años abandonaron el campo después de años de sequía, el campo se convirtió en una ruina. Un siglo después, con grandes avances tecnológicos y la posibilidad de producir agua desalada o reutilizar el agua usada, el campo sigue siendo una ruina.
Los agricultores y ganaderos canarios salen a la calle porque están hartos de trabajar para perder dinero, de aplicar normas europeas para proteger la salud y el medioambiente que no se aplican en países terceros a los que Europa compra productos agrícolas, están hartos de que, cuatro años después de aprobarse, siga sin cumplirse la ley de cadena alimentaria que obliga a que no se paguen los productos agrícolas y ganaderos por debajo de los costes de producción.
Usted va al supermercado y compra un quilo de papas a 2 ó 3 euros. Puede ocurrir que esas papas estén envueltas en una red con un plástico que tiene una fotografía de papas con mojo, pero si se fija en la letra pequeña de la etiqueta seguramente leerá que su origen es Israel o Inglaterra. Si pone papa del país, puede ocurrir que por ese quilo que usted haya pagado a 2 euros, al agricultor canario se le hayan pagado 30 o 35 céntimos. También los ganaderos sufren el incumplimiento de la ley de cadena alimentaria, las grandes cadenas de distribución les pagan entre 60 y 62 céntimos el litro de leche que les cuesta 65 céntimos producirlo.
Hay un interés en ver a los agricultores como enemigos del medioambiente, y la ultraderecha española intenta utilizar sus reivindicaciones para cargar contra la agenda 2030 y difundir su negacionismo del cambio climático. Pero lo que plantean los agricultores es que si se aprueban nuevas normas por razones medioambientales o de salud, que la misma exigencia que se hace aquí se haga también a los productos que se importan de países no europeos.
Por ejemplo, Europa prohibió el uso de insecticidas que contienen clorpirifos, un producto que produce cáncer de mama. Durante muchos años esos productos envenenaron a las aparceras canarias. Según denunció la COAG en el año 2023 se produjeron más de 120 alertas sanitarias por productos con clorpirifos. En los controles aleatorios de fronteras se descubrieron aceitunas procedentes de Marruecos con esta sustancia cancerígena.
Con este panorama no es de extrañar que en las últimas dos décadas se haya reducido más de un 20% la superficie cultivada en Canarias. Que la edad media de los agricultores y agricultoras canarios esté en los 60 años. La gente abandona el campo porque el campo es una ruina para el que lo trabaja, no para la gran superficie que impone precios bajos para mantener altos beneficios. Haga usted un repaso de las fotografías de dirigentes políticos en las últimas dos décadas, ¿en cuántas aparecen junto a los agricultores en sus fincas fuera del periodo electoral?¿En cuántas acuden a la inauguración de una gran superficie y les agradecen los puestos de trabajo?
La historia es tan vieja como la polka frutera que publicaron Los Sabandeños en los años ochenta del siglo pasado: “¿Quién es ese elegantísimo,/orondo y gran caballero?/Ese es un intermediario/en el negocio frutero,/¿De quién es ese palacio,/orgullo del pueblo entero?/Ese es un intermediario/en el negocio frutero”. Pues eso, que más vale ser intermediario que agricultor. Si no que se lo pregunten a Juan Bernardo López Curbelo (conocido internacionalmente como Tito Berni) y a su sobrino Taishet Fuentes, que están siendo investigados por los tribunales en el llamado ‘caso mediador’ (sinónimo de intermediario). Durante la legislatura pasada se dedicaban presuntamente a extorsionar a empresarios agrícolas y ganaderos, les pedían comisiones a cambio de hacer la vista gorda en las inspecciones a sus granjas o hacían tratos de favor en ayudas europeas. Lo hacían desde el puesto de Director General de Ganadería que ocuparon en el gobierno progre y honrado de Ángel Víctor Torres, primero el tío y luego el sobrino (cargos por herencia, típico de gobiernos republicanos).
Durante su mandato en el gobierno canario, Tito Berni logró que sus propiedades agrícolas y ganaderas recibieran cientos de miles de euros en subvenciones. Para él la agricultura sí ha sido un negocio, pero para los agricultores canarios que estos días salen a la calle es una ruina.
Juan G. Luján