Tras los fracasos de las cumbres anteriores (Kioto en 1997 y Copenhague en 2009) para frenar el cambio climático y el calentamiento de la atmósfera, la cumbre de París que inicia sus sesiones 30 de noviembre, adquiere una importancia de primer orden ante las decisiones que los 195 países asistentes puedan tomar.
El proceso ascendente de la temperatura mundial, que al final de siglo puede haber alcanzado un incremento de cinco grados, sumado a los al menos 28 fenómenos extremos que ya han tenido lugar como efecto directo del cambio climático y la concentración de CO2, ya nos predice un siniestro futuro en el caso de que no comencemos con inmediatez a revertir en actual proceso de degradación atmosférica y climática.
En Canarias, por su condición de frágil territorio insular, se complican las consecuencias del efecto invernadero, habiéndose producido ya algunas serias advertencias sobre nuestro devenir en la hipótesis que se mantenga el actual proceso de calentamiento. La aparición de especies invasivas en nuestro medio marino o terrestre como es el caso de algunas algas tóxicas o insectos transmisores de enfermedades inexistentes hasta ahora en nuestro medio, nos debe hacer encender las señales de alarma. Pero evidencias incluso más constatables como la aparición de fenómenos atmosféricos adversos y destructivos como lo fue la tormenta tropical Delta o la marcada inestabilidad climatológica observada en el Archipiélago en los últimos años, presagian situaciones ciertamente fatídicas. Además, hay que resaltar que, aparte de la ocupación por el mar de lo que hoy son espacios secos y la frecuente presencia de calimas, la amplia biodiversidad y endemismos existente en las islas serán también una de las primeras víctimas del actual calentamiento global.
Contrariamente a lo recomendable, el País Canario continúa emitiendo una gran cantidad de CO2 a la atmósfera por efecto de una desaforada presencia de vehículos de motor para un territorio, por otra parte, superpoblado. Pero, además, contrariamente a la recomendable promoción y utilización de energías limpias, los diferentes gobiernos del archipiélago han venido promocionando la utilización de combustibles fósiles y contaminantes, a los que, ahora, pretenden sumar el gas. Todo ello, una acción políticamente y doblemente suicida y descabellada cuando Canarias ha confiado prácticamente toda su economía turismo, una actividad directamente dependiente de la climatología.
Es por ello por lo que la Federación de Salud de Intersindical Canaria aboga por que en la cumbre que ahora comienza en la ciudad de Paris, los gobiernos de los países convocados cierren un acuerdo para un compromiso vinculante para el control de emisiones de gases tóxicos a la atmósfera, además de establecer un acuerdo para crear el previsto dispositivo económico que, con la denominación de Fondo Verde, los países más vulnerables por sus circunstancias territoriales (entre ellos Canarias) puedan prepararse para los efectos del cambio climático.
Frente a la obsesiva y frenética acción diplomática para lograr una inútil y sanguinaria alianza militarista contra el denominado hiyadismo, el presidente francés y sus homónimos europeos debieran centrar sus esfuerzos en que la Cumbre climática sea un éxito y poner los medios para evitar el holocausto global que producirá el actual efecto invernadero.
