Mucho malegro de que Felipe 6 no venga. Tenerlo en un acto que conmemore la recuperación de la democracia me generaría inquietud. Sería como tener a un culé celebrando en el Bernabéu la XVI Copa de Europa del Madrid, o tener a un madridista celebrando la VI (improbable, todo hay que decirlo) del Barça en el Camp Nou.
Tras la muerte del dictador sanguinario que aterrorizó al país durante 40 años, millones de personas anduvimos las calles de España reclamando democracia y libertad. Las conozco a todas y sé que Felipe no estaba, y su padre tampoco porque andaba comiendo con Bárbara, como Mazón come con Maribel. En este país, coño, se come muy bien. Reclamábamos libertad sin ira, libertad de expresión, libertad de asociación política, libertad de sindicación y huelga, y pedíamos otras muchas libertades, que no incluían la de tomar cañas porque esa era la única que permitía el asesino de voz afeminada, como la ofrece ahora la mataviejos del Chamberí.
Que viniera Felipe a celebrar la libertad me recordaría que la República que nos quitaron a punta de pistola no ha podido ser recuperada. Me generaría mal cuerpo. Si él viniera, yo tendría que pedir que el acto se celebrara cerca del Corte Inglés para tener un retrete a mano, que ya sólo uso estos grandes almacenes para cagar, desde que me enteré de que financian a los fascistas. Ha dicho el Borbón que no viene por problemas de agenda, y yo le creo porque igual ha tenido que usarla como papel higiénico.
Se equivocan quienes, desde la exigencia de que el Jefe del Estado tiene que serlo de todos, le reclaman la asistencia. No le demos pie. Es mejor que asista a corridas de toros, a ver si hay suerte y en vez de fango le tiran un rabo. Piensen, quienes argumentan que le pagamos para que asista y se aguante, que le puede dar por asistir al regreso de Puigdemont y hacer el paseíllo de la mano de Oriol y del propio Carles en el próximo homenaje a Casanova. Esta gente, por mantener el negocio familiar son capaces de todo, incluido abrazar el separatismo. A fin de cuentas, si España se dividiera en 17 reinos tendría donde colocar no sólo a sus nenas, sino que hasta el mismísimo Froilán podría ser rey de Canarias. En ese caso, y sólo en ese caso, confieso que yo me haría monárquico porque con Froilán 1 la vida sería un bolero: “reloj, no marques las horas…”.
Nos vendieron que fue nada menos que el moro Juan Carlos quien trajo la democracia. Es más, fue el mismísimo asesino ferrolano el que puso los cimientos, para que luego el mataelefantes de Botsuana levantara las columnas que la sustentan. Y si fue así ¿Por qué no viene Felipe a echar el techo?
Mejor no. Mejor que se quede en casa. En este país, cualquier edificio, físico o institucional, lo ha levantado la gente. Desde los cimientos al tejado. No nos hizo falta ningún rey, sino que dejaran de matarnos. Aunque tristemente los reyes siempre estuvieron ahí y hubo que hacer la casa con ellos dentro. Va siendo hora, cuando se pueda, educadamente, de enseñarles la puerta.
Antonio Cabrera de León