El gran Stefan Zweig escribió sus célebres “Momentos estelares de la humanidad” hace ahora un siglo. Pero luego, en sucesivas ediciones, fue ampliando el número de momentos estelares hasta llegar a los 14 en la última edición, publicada apenas un par de años antes de suicidarse.
Zweig murió en1942, convencido de que el triunfo del nazismo sería mundial y de que con ello desaparecería la cultura europea, que tanto amaba. En su carta de despedida dijo que era mejor finalizar su vida en un buen momento y de pie, mientras la labor intelectual y la libertad personal eran apreciados
En una persona de su inteligencia y valentía, que se opuso como pocos a la intervención de Alemania en la Primera Guerra Mundial, siempre me ha resultado raro que no incluyera un decimoquinto momento estelar que contempló personalmente y contra el que luchó mientras pudo. Sobre el horror del ascenso y triunfo del nazismo, pocos podrían haber escrito algo mejor.
De haberlo hecho, hoy tendríamos una buena guía para ayudarnos a entender el regreso de la ideología del mal. Los 17 millones de alemanes que votaron a Hitler en 1933 sabían menos de él que los 74 millones de norteamericanos que votaron a Trump en noviembre ¿Qué pudo llevar a las masas a elegir a quien agredía a los rivales políticos, así como a los judíos, gitanos, y homosexuales? Hemos leído durante décadas sobre la humillación de Alemania tras su derrota en la Primera Guerra, el alto desempleo y la inflación, junto a la imposible unidad de las izquierdas alemanas, y la convicción de que los nazis se moderarían cuando tuvieran que gobernar.
¿Qué hay de similar en las masas que hoy votan a quien propone la deportación masiva de inmigrantes y acusa a éstos de comerse los gatos? No había desempleo ni inflación, ni desunión en la pseudo izquierda americana, eran conocidas sus mentiras constantes, sus agresiones sexuales, su intento de fraude electoral y su intento de golpe de Estado que costó varios muertos en el Congreso. Cuando gobernó no deportó más que sus oponentes ¿Es sólo el odio sin límite a los rivales políticos, a los inmigrantes, a los negros, hispanos y homosexuales?
¿Qué llevó a los británicos a votar el brexit por más que se les explicó que sería una catástrofe para ellos mismos? De nuevo ¿Sólo el odio sin límite a los inmigrantes? ¿Tras 80 años de educación contra el nazismo, se disponen los alemanes a darle en febrero el triunfo al partido que no esconde el regreso del mal, del odio étnico al inmigrante? ¿Es Italia un país mejor con el gobierno fascista que deporta inmigrantes o los deja ahogarse? ¿La Francia de Vichy, colaboracionista con los nazis y profundamente antijudía, es la que mañana hará presidenta a Le Pen con la única razón del odio al inmigrante? ¿Hay algo que no sepamos de un vividor como Abascal, que no ha trabajado en su vida, y que sólo propone el odio al inmigrante?
No nos resignemos, ni perdamos la esperanza. Han insertado la semilla del odio en nuestras sociedades, pero hay que luchar contra ello con la razón en la mano y la palabra. El suicidio de Zweig nos enseña lo mucho que nos equivocamos en nuestras interpretaciones. Apenas dos años después de su muerte, convencido del triunfo del mal, ya estaba claro que el nazismo sería derrotado. Hemos disfrutado desde entonces 80 años de convivencia pacífica. Continuemos.
Antonio Cabrera de León