A pesar de sus condiciones de precariedad, las mujeres rurales (aparceras, agricultoras, empaquetadoras) han desempeñado un papel fundamental en la lucha laboral y en el sostenimiento de sus hogares y comunidades. Además son las principales guardianas del patrimonio cultural inmaterial de las islas, incluyendo: La tradición oral y la medicina natural y popular. Las artesanías (alfarería, cestería, trapería, calado). Los sistemas de cultivo tradicionales y la conservación de semillas ancestrales, así como la gastronomía.
Canarias cuenta actualmente con apenas un 10% de soberanía alimentaria, lo que deja al sector primario con una participación muy baja en el PIB y en la creación de empleo debido a la terciarización de la economía (orientada fuertemente al turismo y al sector servicios).
Los sucesivos ciclos de monocultivo y el modelo de “sol y playa” han priorizado la importación frente a la producción local, afectando tanto a la agricultura como a la autonomía alimentaria de las islas.
Las políticas institucionales de igualdad y los feminismos urbanos han dejado tradicionalmente en un segundo plano a estas mujeres. Para dignificar la vida en el ámbito rural y rescatar el papel de la mujer, hay que desarrolla medidas concretas junto en todos los ámbitos políticos institucionales que mejoren las condiciones del trabajo agrícola y ganadero. Que potenciar la sanidad (especialmente salud reproductiva) y la educación (como las escuelas unitarias) en los municipios rurales. También crear centros de día para evitar el aislamiento de las personas mayores. Impulsar escuelas de tradiciones populares dirigidas por mujeres rurales. Facilitar terrenos agrícolas a mujeres jóvenes organizadas en cooperativas. Todo ello, sin olvidar la recuperación de la memoria histórica a través de la investigación en el entorno rural.