Los últimos  dos años de vida de papá fueron duros.  Un hombre nacido en una cueva de Artenara, mi abuela se había quedado viuda estando embarazada de él y emigró a la capital cuando sus dos hijos eran adolescentes. Ya en Las Palmas, Segundo hizo la mili y comenzó a trabajar por su cuenta, el personaje del ‘caballero’ de Juan Luis Calero dice que quien tiene un camión tiene la vida arreglada. Papá tenía un coche grande, que servía para pasearnos a la familia el domingo y para cargarlo de mercancía de lunes a sábado.

Papá nunca tuvo jefe. Fue autónomo. Logró salir de la isla de vacaciones en los viajes que ganaba por vender mucha mercancía con su coche grande. Después pudo viajar con mamá gracias a los viajes del IMSERSO. El pago de los intereses de algunas letras a los bancos le amargaron algunos años y le frustraron el sueño de ser clase media y comprar algún apartamento en el sur. Pero mientras pudo cargar y descargar su coche para ganar el sustento y sacarnos adelante, junto al trabajo de mamá, fue feliz.

En los casi sesenta años que trabajó sin jefe (se jubiló casi a los setenta, el lujo de ser autónomo) creo que papá fue feliz. Pero cuando rebasó la octava década la vida se hizo muy cuesta arriba. Amanecía con dolores en las piernas, le costaba caminar. Tuvo que resignarse a no conducir porque había perdido reflejos. La vida era un paseo por el parque y ver los primeros pasos de las nietas que coincidían, maldita casualidad, con los últimos que empezaba a dar él.

Papá se transformó en eso que las administraciones públicas llaman “un dependiente”. Para mis hermanas y para mi fue todo un aprendizaje que nos ha servido para llevar mejor hoy el cuidado de mamá. Cuando dejas de poner pañales a tus hijos no te imaginas que unos años después irás a la farmacia a comprar pañales para tus padres. Mi padre lo resumía muy bien en la frase que más repitió sus últimos años: “Todo el mundo quiere llegar a viejo, pero nadie quiere ser viejo”.

La ley de la autonomía personal (ley de Dependencia)  fue un gran invento del gobierno de Rodríguez Zapatero. Fue una oportunidad de negocio para empresas dedicadas a los centros de mayores cuyos dueños acudieron al acto de presentación en Madrid.  También una esperanza para muchos hijos e hijas que no tienen presupuesto o tiempo para afrontar los cuidados de la gente mayor. No es lo mismo visitar a tus padres cuando puedes, que tener que estar a una hora para el baño, para ponerle la comida, los pañales o acostarlo. Además de trabajar y atender tu casa, empiezas a frecuentar el centro de salud, y a eso añade el papeleo ante  el Ayuntamiento y el Gobierno canario para  reconozcan la situación de dependencia de tu padre o madre.

Cuenta el último informe del IMSERSO que la lista de espera en Dependencia ha bajado de 977 a 647 días (espera para que te reconozcan como persona que puede recibir las prestaciones). A pesar de esa bajada, Canarias sigue siendo la comunidad donde más se tarda en lograr el reconocimiento. Además hay 5.826 canarios y canarias que han logrado ese reconocimiento pero no han recibido la prestación, se dice que están en “el limbo”. Hace unos meses iniciamos los trámites para lograr el reconocimiento para mamá. Eso significa que Carmela todavía no está ni en el limbo. Papá murió hace unos años sin llegar al limbo.

Por eso, cuando después de leer los datos del informe del IMSERSO veo el tuit de una política que tuvo durante cuatro años la máxima responsabilidad en este asunto y  que debió acudir el último año de legislatura a una política de otro partido para frenar su desastre, y veo que en su tuit no solo no aporta nada concreto, sino que achaca la responsabilidad de 2023 al nuevo gobierno, cuando ella estuvo medio año 2023, solo se me ocurre (como hijo de dos  personas dependientes que no han llegado ni al limbo) una palabra que pongo en plural porque desgraciadamente Noemi Santana no la única que usa las políticas sociales como arma de guerra política: miserables.

Juan G. Luján