Cuando eres un latinoamericano que vive en EEUU y votaste al Führer que ahora ha deportado a tu hijo y te busca a ti para deportarte también ¿Qué piensas de ti mismo? Creías que eso sería para los otros y no te importó. Ahora que te afecta ¿No te da vergüenza?
Cuando eres una mujer norteamericana que votaste en uno de los estados que, con tu apoyo, han prohibido el aborto en todos los casos pero luego resulta que a ti te violó un familiar y la ley que tú apoyaste te obligó a parir un hijo con anencefalia ¿Qué piensas de ti misma? Creías que eso sería para otras y no te importó. No pregunto cómo vives, cuidando una criatura sin cerebro y habiendo perdido el trabajo sino, ahora que te afecta ¿No te da vergüenza?
Trasladado a España, cuando votaste a un partido en Valencia para gastar dinero público en maltratar animales y eliminar dispositivos de emergencias, pero luego tus padres o tus hijos murieron en una riada sin aviso del dispositivo de emergencias ¿Qué piensas de ti mismo? No pregunto si te consuelas yendo a los toros sino, ahora que te afecta ¿No te da vergüenza?
Cuando eres un trabajador de EEUU y votaste al Führer para que deportara inmigrantes e impusiera aranceles, pero te acaban de despedir de las fábricas de coches o de las minas que están cerrando por los aranceles ¿Qué piensas de ti mismo? No pregunto si te arrepientes sino, ahora que te afecta ¿No te da vergüenza?
Quienes a título individual o colectivo se empeñan en elegir el desastre, pueden encontrarse con él. En España eso fue el “vivan las caenas”, que nos devolvió al absolutismo y aportó siglo y medio más de retraso. En Alemania eligieron libremente la barbarie, fruto de la cual asesinaron a 40 millones de europeos y perdieron el 10% de su población. Tras la derrota en la guerra el pensamiento mayoritario de los alemanes era una mezcla de culpa e intento de negación. A muchos les daba vergüenza, a todos no. No hubo perdón, su país fue troceado.
La población de EEUU eligió libremente a un Führer racista, acreditado delincuente sexual y económico, acreditado golpista contra la democracia, que nunca reconoció su derrota e intentó el fraude electoral y el uso de la violencia para no abandonar el poder. Cuanto antes lo aceptemos, mejor: es un pueblo que decidió poner fin a su democracia. No hay vuelta atrás. Aún es pronto para ver el fenómeno en su magnitud pero a ese pueblo ya podríamos preguntarle, ahora que le afecta ¿Qué piensa, colectivamente, de sí mismo?
Probablemente la situación empeorará día a día. No andan tan lejos de una nueva guerra civil; esperemos que no, pero las elecciones de 2026 podrían detonarla. Lo que parece inevitable es la debacle de su sociedad, con un gobierno que desobedece las leyes, ataca a la universidad, propaga la ignorancia, y va a meter al país en una gran recesión. Habrá que repetirles la pregunta más adelante ¿No les da vergüenza?
Vista la Historia, lo que no habrá será perdón.
Antonio Cabrera de León