“Vámonos, muchachos, que esta gente no nos quiere”. Estas fueron, supuestamente, las últimas palabras de Simón Bolívar. El gran libertador de Sudamérica se encontró con que, alcanzada la independencia, la burguesía criolla que lo había apoyado aspiraba a ser la nueva oligarquía que sustituyera a la española y, por tanto, él les molestaba.
Hoy sus palabras siguen siendo acertadas. Uno no debe quedarse donde no le quieren porque estorbas o, en el mejor de los casos, eres el tonto útil. Y pienso yo que mal no le vendrá a Podemos asumir las palabras del Libertador. Que las huestes de la ultraderecha española te llamen “bolivariano” debe ser motivo de orgullo para cualquier izquierda que se sienta tal. Pero una cosa es que te lo llamen desde sus mentes racistas, pretendiendo usarlo como insulto, y otra es que tú quieras estar en la izquierda. Sumar no quiere. ¿Quiere Podemos?
Pues si quiere, puerta. Sumar no anda en eso. La teoría de la transversalidad y la centralidad que sus dirigentes defienden, como ocurrió con la tercera vía de los socialistas europeos y el realismo de los ecologistas norte-europeos, alejan a sus formaciones de las clases trabajadoras. Fue patético ver a la brillante activista contra los desahucios que había sido Colau, pasarse una legislatura hablando de supermanzanas mientras los trabajadores modestos seguían sin vivienda.
Igual que impidió a Podemos presentar sus candidatas electorales, Díaz pretendía silenciarlas en el Congreso. Así que la voz y la palabra tendrán que ganársela como solían: resistiendo. Es un camino que ya conocen pues fue transitando por él como llegaron al Gobierno: aguantando insultos, acoso domiciliario, periodistas corruptos, delincuentes policiales y judiciales, e incluso repeticiones electorales. Mejor un minuto de voz desde el grupo mixto que una legislatura amordazados.
Dejar de poner alternativamente una mejilla y la otra mejorará la salud de Yolanda, porque a este ritmo de bofetadas a la probe le sangraban las manos. Díaz excluyó del proyecto sumita a las mujeres de Podemos desde el primer minuto, en su presentación de Valencia. Acabará en “la casa común”. A Podemos le toca trabajar para reorganizar la izquierda, contribuir reconociendo sus muchos errores. Los aciertos no precisan ostentación. Toca también sacar el chubasquero. Lloverá de todo.
Antonio Cabrera de León
