El profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de La Laguna, Francisco Rodríguez Pulido (ULL), ha realizado unas amplias declaraciones. coincidiendo con el reciente día Mundial para la Prevención del Suicidio. De esa entrevista seleccionamos algunas de sus reflexiones sobre el tema del suicidio en el contexto global del estado de la salud mental en Canarias.
El cómputo sitúa a las Islas entre las comunidades españolas con más suicidios por cada 100.000 habitantes. ¿Cree que la pandemia de coronavirus ha contribuido a incrementar la cifra?
Desde el inicio de esta década, Canarias presenta unas tasas de suicidio que están por encima de la media española, aunque todos los gobiernos autonómicos han mirado para otro lado. El Archipiélago viene ocupando desde entonces los primeros lugares en el país en materia de índice de suicidio. Por tanto, el impacto de este fenómeno en las Islas solo puede ser atribuido a un incremento que gira en torno a un 5,6% de casos, en relación al 2019. Desde la crisis económica de 2012 han sucedido numerosos acontecimientos sociales y económicos que han afectado a los niveles de bienestar de la población canaria. Lo que ha ocurrido tanto en 2021 como en 2022 está pendiente de ser publicado, ya que las cifras del INE se publican con retraso.
A su juicio, ¿han podido influir las listas de espera para recibir asistencia en los servicios de Salud Mental en el aumento constatado?
En la atención pública sanitaria a la salud mental, los casos urgentes tienen siempre prioridad y las personas con riesgo de suicidio, según la valoración clínica, forman parte de una población de alto riesgo. Por tanto, su acceso es prioritario. No creo que esta población integre las listas de espera, pues siempre son valoradas con criterio de urgencia para que los servicios de salud mental puedan llevar a cabo el seguimiento. Ahora bien, según la literatura científica, las personas vulnerables con alto riesgo de suicidio presentan diferentes momentos clínicos de alto riesgo, que se producen en términos generales en las semanas posteriores al alta hospitalaria y en las semanas que comienzan a mejorar los aspectos psicomotrices de la depresión, sin mejora aún de la cognición y la esperanza de futuro.
¿Le preocupa lo que pueda llegar a suceder a lo largo de los próximos años?
Me preocupa lo que ya ocurre. Simplemente, si un observador se sienta y analiza los datos objetivos de los indicadores indirectos relacionados con el sufrimiento psíquico, es para no dormir. El indicador de suicidio, los índices de desempleo en los jóvenes y edades maduras, la violencia de género, el abuso sexual y maltrato en la infancia, y los índices de extrema pobreza y vulnerabilidad a la pobreza, así como los de consumo de sustancias psicoactivas y de demandas por patologías mentales vinculadas a este consumo, inquietan. Si fuera el Gobierno no dormiría con tranquilidad. No puede resumirse lo que nos pasa en la ingenuidad de un desequilibrio químico, sino en una alteración profunda de los derechos humanos básicos. Las brechas han ido incrementado y, probablemente, el cambio climático acentúe las desigualdades.
El grueso de suicidios lo registran las personas con edades comprendidas entre los 50 y los 59 años. ¿Cree que las líneas de actuación deben centrarse especialmente en este colectivo?
No puede entenderse la vida sin crisis biográficas y, probablemente, esta edad sea un momento crítico de balance entre lo recorrido y lo que falta por recorrer: lo que hemos realizado, lo que no hemos realizado y lo que hemos obtenido. Es un momento en el cual los proyectos que se imaginan en épocas anteriores se evalúan de manera más o menos consciente. Es un momento vital de importancia. Si este período de vulnerabilidad coincide con factores psicosociales de estrés, pérdida del puesto de trabajo, reveses de fortuna, aislamiento, crisis, relaciones interpersonales o las muertes de los seres queridos próximos podremos valorar lo vulnerables que podemos llegar a ser, casi sin darnos cuenta de ello. Más concretamente, hay una relación entre el desempleo en estas edades y el suicidio.
¿Considera que la administración pública cuenta con las herramientas suficientes para gestionar este problema o implantaría alguna?
Lo primero que hay que conocer son las cifras de suicidio en tiempo real para poder saber la tendencia y cuáles son los grupos y las edades de mayor riesgo. Usted misma en esta entrevista menciona datos de 2020, básicamente, porque aún no se han publicado los de 2021 y 2022. La vigilancia epidemiológica de este fenómeno de salud no puede establecerse con años de retraso.
¿Cree que el Plan de Salud Mental de Canarias es lo suficientemente completo?
Nadie se atreve a decir que un plan de salud mental que tiene más de 500 folios es incompleto. Cometería una herejía. Es más, en estos años es cuando más dinero ha dispuesto la Consejería de Sanidad para las políticas públicas. No obstante, hay que decir que este plan contempla una vigencia de seis años, hasta 2023, que habrá elecciones. Habían prometido en su presentación hace años más de cuatro millones de euros anuales procedentes del presupuesto de la comunidad autónoma, pero este año, por ejemplo, se ha asignado un millón de euros. También se habían comprometido a elaborar unos informes anuales de evaluación de la ejecución del plan y no son conocidos aún. Tampoco se ha creado ninguna comisión de seguimiento independiente con participación de las asociaciones de profesionales, familiares y usuarios. Esto no quiere decir que no valoremos algunas acciones que se han realizado, como la contratación de más profesionales y la apertura de servicios, especialmente aquellos destinados a la atención infantojuvenil, que eran y son un clamor. El Plan de Salud Mental deberá poner el acento en establecer como objetivo central la defensa de los derechos humanos de los pacientes, pero la atención en salud mental no es una cuestión de ocurrencias. Se requiere de acciones transversales sistemáticas en la escuela, en el mundo del trabajo, en el sistema judicial con las nuevas leyes, en el mundo del empleo, etcétera. O sea, se trata de promover diferentes programas o servicios para el cuidado y la atención de poblaciones significativamente vulnerables, como puede ser la creación de una red única de atención a la salud mental con la inclusión de la atención a las drogodependencias, la promoción de programas de cuidados en situación de riesgo en los traumas y abusos en la infancia, la prevención de la depresión en los parados de larga duración, el apoyo a las necesidades psicológicas como consecuencia de la violencia de género o la atención a la población emigrante con necesidades de atención en materia de salud mental, con líneas de colaboración con las organizaciones sin ánimo de lucro. En suma, queda mucho por hacer y necesitamos y reclamamos más músculo en la gestión sanitaria a través de una Dirección General de Salud Mental adscrita a la presidencia del Gobierno para la próxima legislatura.
¿Cuáles son las principales señales de alarma de las conductas suicidas?
Hay varias. Las personas que tienen más riesgo son aquellas que han tenido intentos previos. En nuestros estudios sobre las personas que repiten intentos de suicidio, hemos comprobado que entre el 1 y el 2% de quienes intentan suicidarse llevan a cabo el acto después de los tres primeros meses de la crisis emocional, cuando todos creen que el peligro ha pasado. Además, entre un 10 y un 20% lo hará en algún momento de su vida. Otra señal importante es cuando en la queja predomina la desesperanza, la impulsividad y los pensamientos dicotómicos o rígidos.
¿Cómo deben actuar los familiares y personas cercanas?
Es necesario saber que hay que tomar en serio lo que la persona está diciendo, escucharla con genuino interés y tratarla con respeto, evitar infravalorar, explicar que existen alternativas disponibles, no prometerle confidencialidad, buscar ayuda entre los propios familiares y las personas allegadas, retirar o controlar todos los elementos que pueden suponer un riesgo para ella, procurar que la persona afectada permanezca acompañada y recurrir a un profesional especializado. La prevención más eficaz es la identificación y el tratamiento temprano. Las emociones y los sentimientos nos envían señales constantes que no siempre escuchamos. En la actualidad, las asociaciones de familiares de supervivientes de suicidio, a través del apoyo mutuo, juegan un papel relevante. Lo cierto es que nunca sabremos la razón última de una trágica decisión personal. Probablemente, la toma de esta decisión comenzó mucho antes de pasar al acto. No obstante, la muerte por suicidio implica un drama personal con sufrimiento extremo que deja tras de sí un grave impacto en el entorno de la persona fallecida.