En esta ocasión hablamos con Salvador Afonso Cáceres, con una larga trayectoria profesional en la sanidad pública, -su actividad es la de Auxiliar de Información en el Hospital tinerfeño de La Candelaria – pero también con una dilatada actividad sindical que se inicia, primero, en la soberanista Confederación Autónoma Nacionalista Canaria (CANC) hasta que esta organización, junto a otros sindicatos, integraron INTERSINDICAL CANARIA. Desde esa atalaya representa a los trabajadores de la sanidad pública, siendo sucesivamente elegido por sus compañeros de trabajo durante los últimos años para tal actividad.

Salvados Afonso,  ha ido más allá en su compromiso social, siendo un destacado activista en todas aquellas reivindicaciones pasadas y presentes que tienen como objetivo la liberación nacional de Canarias y acabar con el secular estado de segregación y dependencia que sufren los trabajadores y el conjunto de población de las Islas. 

¿Qué hacemos con el servicio público sanitario y su preocupante salud?

Darle la vuelta. Adecentar su gestión y para ello hay que poner al frente del sistema a buenos y honrados profesionales, pero, también, aunque no sea políticamente correcto decirlo, higienizarlo en el nivel de mando intermedios donde abundan los estómagos agradecidos del sistema.

¿Y qué más?

Específicamente en lo laboral, concluir este larguísimo periodo de maltrato a los trabajadores que de dedican a cuidar la salud de la población, fundamentalmente a los grupos B, C, D y E, actualizar sus salarios congelados frente a una cesta de la compra que no para de subir, y permitirles la jubilación antes de que, por la vía de la precariedad física, alarguen su estancia en los centros sanitarios, no como trabajadores sino por su achaques físicos y psíquicos cronificados.

Sin que ello se entienda como la pretensión de adelantar la asistencia por encima del resto de usuarios, nos encontramos también con un contratiempo del que se habla poco: las largas espera de los sanitarios para ser atendidos de sus dolencias, muchas de ellas, motivadas por la actividad del cuidado a los demás. Además de los prejuicios personales sobre su salud, crea contratiempos asistenciales por el hecho de que, con frecuencia, el cese de su actividad no es sustituida por otro profesional, recargando la actividad en los servicios y deteriorando la asistencia al conjunto de ciudadanos.

¿Qué retos son a los que se enfrenta el sindicalismo?

Dígase más o menos diplomáticamente, los trabajadores sanitarios tienen dos adversarios o enemigos, que forman dos caras de una mima moneda: la Administración que no cree, e incluso desprecia a la sanidad pública y en sus trabajadores y, las organizaciones sindicales que, un día si y otro también, blanquean su mala gestión, independientemente del partido político que se encuentre el Gobierno. Basta observar la desaparición de las organizaciones sindicales de las manifestaciones  ciudadanas para mejorar la sanidad y las condiciones laborales, la última de ellas en el pasado mes de noviembre, en la que si estaba Intersindical Canaria.

 

Dicho lo anterior, la burocracia se ha ido extendiendo en el conjunto del sindicalismo como una mancha de aceite. Tanto que, progresivamente, una parte de las tareas administrativas que hasta hace poco eran propias de la administración y de sus departamentos de Recursos Humanos, hoy son realizadas por los delegados sindicales. Con ello, las consejerías sanitarias y las direcciones del Servicio Canario de Salud, logran dos objetivos: ahorrarse plantilla y, lo que es peor, tener entretenidos a los representantes sindicales con trámites de convocatorias de ofertas de empleo,

contabilización de excesos de jornadas laborales, trámites de carreras profesionales, etc.  Así, aquel principio de representar a los trabajadores para la defensa, protección y mejora de sus derechos laborales, objetivamente ha quedado parcialmente neutralizado.  

 

Con frecuencia se habla de la ausencia de equidad en la sanidad pública. ¿Cómo lo explicarías?

Trabajo en el Hospital Universitario de la Candelaria, pero por diferentes circunstancias, conozco el día a día del Hospital Universitario de Canarias. No se entiende el hecho de que en el conjunto de servicios (asistenciales y no asistenciales) el HUC cuente con menos plantilla que mi hospital.

Eso significa la inexistencia de equidad en lo laboral (los trabajadores realizan mayor esfuerzo laboral) pero también discriminación en la asistencia que reciben los pacientes al contar con menos profesionales para su cuidado. Eso es tanto como decir que los usuarios y los pacientes del área norte de Tenerife, La Palma y el Hierro, reciben una atención más deficiente que los del área sur tinerfeña, y la Gomera.  Es esta una situación perversa que ni los gobiernos de derechas (Coalición Canaria Partido Popular) ni los gobiernos progres como el PSOE-Podemos) han querido resolver.