Acabo de cumplir 65 años. Mientras Isabel Díaz gobierne la Comunidad de Madrid procuraré no aparecer por allí porque si me da un jamacuco puede prohibir que me atiendan en un hospital. No sólo eso sino que si muero dirá que lo prohibió porque las urgencias están abarrotadas y yo me iba a morir igual. Al Real Madrid procuraré verlo en la tele, o cuando venga a Canarias. Yo a Madrid no vuelvo.
Sabemos desde hace unos meses que a Isabel le gusta la fruta. Fue a declararlo nada menos que a Las Cortes. Pero sabemos desde hace ya varios años que en Madrid murieron 7291 viejos que vivían en las residencias de la Comunidad. Asfixiados, sin asistencia médica, acompañados de cadáveres que no se retiraban, solos pero llenos de moscas y mierda, sin permitir la entrada de familiares, y con orden firmada que prohibía su tralado a un hospital. Eso son hechos. Lean las actas de la policía municipal. Y aunque ahora está de moda llamar “hechos alternativos” a las mentiras de toda la vida, no hay ni va a haber manera de borrar los hechos. Hubo, repito, 7291 fallecidos que requerían asistencia hospitalaria y les fue denegada. Y no hay que ser jurista para, le demos las vueltas que le demos, saber que eso son 7291 casos potenciales de homicidio por denegación de auxilio.
En el supuesto caso de que en Madrid quede algún juez que lo sea, esto acabará con la condena de quienes firmaron el protocolo que prohibía el tralado de los viejos a los hospitales. Pero no solo de ellos, sino también de quienes no incumplieron la orden y trasladaron a los viejos que agonizaban ahogándose. No me creo que en Madrid todos los jueces se dediquen a exhibir togas y puñetas en la puerta del juzgado contra una ley que no existe y que promulgará el poder legislativo cuando así lo decida. Estoy convencido de que habrá alguno que se dedique a ser juez, ganándose el sueldo que le pagamos sin entrometerse en las tareas de otros poderes.
Entretanto le doy un par de datos a esa fabricante de amor a Madrid que preside la Comunidad: las estadísticas publicadas indican que la letalidad hospitalaria de la COVID19 en pacientes mayores de 65 años fue del 20%. Es decir, razonablemente cabe pensar que se podían haber salvado hasta un 80% de las 7291 personas a las que se dejó morir sin trasladarlas a un hospital. En otras palabras, incluso con una gran mortandad, entre 4000 y 5000 de esos viejos podrían haber sobrevivido. Nunca tendremos plena seguridad ello, pero esas son las estadísticas una vez contabilizados todos los casos del país y todas sus muertes. Faltaban medios en aquellos momentos, pero no sólo en Madrid. Faltaban en toda España y sólo en Madrid se dio una orden sin alma.
Antonio Cabrera de León