Este problema no es nuevo; se viene gestando desde antes de la pandemia, intensificándose durante ella y, lamentablemente, sin señales claras de recuperación. A pesar de los esfuerzos de las personas trabajadoras de la salud, la realidad muestra que la falta de recursos económicos y humanos ha llevado a un colapso en la primaria.
Uno de los datos más impactantes revelados por el barómetro del CIS es que un 17,5% de la población no pudo consultar con su médico de familia en todo el año pasado. La situación es aún más desesperante para las personas que, al buscar ayuda urgente, tuvieron que esperar semanas o terminar en servicios de urgencias, lo que demuestra la crítica accesibilidad que enfrentan la ciudadanía.Primero, es necesario garantizar que todos los centros de salud sean accesibles y que no existan listas de espera, especialmente para pacientes crónicos y/o con problemas agudos. Exigimos poder ofrecer una atención sanitaria precisa y sin continuos retrasos que afecten tanto a la calidad asistencial como a la salud de la ciudadanía.
En segundo lugar, creemos que es necesario dar una estabilidad entre el personal sanitario y las personas usuarias. La continuidad se ha demostrado esencial para una mejora real en la salud. Permitir que un paciente tenga el mismo médico a lo largo del tiempo facilita la confianza y permite un mejor seguimiento de su estado de salud.
Además, es urgente cumplir con las inversiones previstas en la Estrategia de Mejora de la Atención Primaria para evitar que continúen los recortes que solo agravan la situación. Los equipos de salud deben estar completos y funcionar de manera eficiente en todas las zonas.
Es necesario promover las especialidades de medicina y enfermería de familia y comunitaria, con un incremento de los recursos humanos y competencias. Por lo tanto, debe darse prioridad en el acceso a las plazas de centros de salud a profesionales con la especialidad de en enfermería familiar y comunitaria.