La reciente muerte de una trabajadora de la limpieza en Barcelona por un golpe de calor no es un accidente, es una consecuencia directa de un sistema que desprecia a la clase trabajadora y permite que se nos exponga a condiciones laborales inasumibles. No se trata de un caso aislado: es la punta del iceberg de una realidad de precariedad, desprotección y abandono.

Los sectores más expuestos –limpieza, construcción, agricultura, reparto, cuidados, entre otros– son los más castigados, y dentro de ellos, especialmente las personas con contratos temporales, las mujeres, migrantes. Mientras tanto, las instituciones responsables de velar por la salud laboral siguen sin actuar con la contundencia que exige la gravedad de esta situación.

En Canarias, los accidentes laborales de carácter grave y muy grave van en ascenso. En el periodo anual de enero a abril de 2025, este tipo de siniestralidad sumó 72 casos frente a los 54 del pasado año. Una cifra sólo orientativa teniendo en cuenta que tanto las mutuas como las propias empresas son reacias a reconocer este tipo de siniestralidad para falsearlas como enfermedad común y librarse de responsabilidades añadidas.

Las personas fallecidas en Canarias durante el pasado año por accidente laboral se elevan a 17. De ellas, seis no murieron por un traumatismo, sino por un infarto o un derrame cerebral, lo que apunta a ritmos de trabajo excesivos y plantillas ajustadas.

Desde la Confederación Intersindical denunciamos con toda contundencia

la explotación intolerable que sufren miles de trabajadores y trabajadoras obligados a desempeñar su labor bajo temperaturas extremas. En plena ola de calor, mientras se baten récords térmicos, muchas empresas continúan anteponiendo sus beneficios a la salud e incluso a la vida de quienes generan su riqueza

Ante este escenario, desde la Confederación Intersindical exigimos:

  • La paralización inmediata de la actividad laboral en las horas de máximo riesgo térmico.
  • La adaptación de las jornadas laborales a las condiciones climáticas.
  • Acceso garantizado a agua potable, zonas de sombra y pausas de descanso adecuadas.
  • Equipamiento de protección frente al calor y protocolos reales de actuación.
  • Campañas de inspección laboral intensivas y sanciones ejemplares a las empresas incumplidoras.

No podemos normalizar que trabajar signifique jugarse la vida. No aceptamos que las personas trabajadoras sigan pagando con su salud los márgenes de beneficio de las empresas.

Por ello, hacemos un llamamiento a toda la clase trabajadora: a los comités de empresa, delegadas y delegados sindicales, plataformas, asambleas y organizaciones sindicales a organizarse, a denunciar colectivamente y a movilizarse para defender el derecho a unas condiciones laborales dignas y seguras.