La concesión de la Medalla de Oro de Canarias a las enfermeras, entregada el 30 de mayo a las presidentas de las Organizaciones colegiales, merece algunas anotaciones.

Siendo más que merecido cualquier reconocimiento a este colectivo sanitario, hay que recordar que la prestación del servicio de cuidados y la materialización del derecho fundamental e integral a la salud, dependen también de un amplio equipo multidisciplinar tanto sanitario como no sanitario.

La consejería de sanidad del mismo gobierno (CC-PP), artífice de la entrega de esta quincalla aurea, es la misma que, cotidianamente, mantiene en el agujero laboral y profesional al colectivo de los homenajeados con una inestabilidad laboral galopante, efímeros contratos, ratios laborales esclavizantes, carrera y recalificación profesional bloqueada, además de la pesada loza de una larga congelación salarial. Lastres todos ellos que, además y mayormente, recaen también sobre el resto de grupos profesionales.

Por lo demás, llama la atención que el gobierno haya hecho recaer la representación de la Enfermería, exclusivamente, en los colegios profesionales, ignorando a los sindicatos como legítimos y verdaderos representantes democráticas de las enfermeras, organizaciones estas que, además, no fueron invitadas al acto ni se hizo mención a ellas.

En las circunstancias antes descritas, los recelos entre las enfermeras y enfermeros van en progresión ante el inexistente tono crítico de “sus” Colegios hacia la Consejería y, a la “luna de miel” que perciben entre el aparato gubernamental y algunas representantes de las entidades colegiales, habitualmente formando parte de la foto de familia en los actos oficiales.

En esta misma línea, nos parece más digna y coherente la posición de los Colegios de médicos en la defensa de los derechos y la dignidad de sus colegiados ante las instituciones oficiales.