Frente a las múltiples evidencias científicas a nivel mundial y en Canarias, reconocida como territorio especialmente sensible a los efectos del cambio climático, las políticas para paliar y hacer frente a un desafío que pone en riesgo nuestra supervivencia se quedan en papel mojado y no van más allá de declaraciones de intenciones de forma meramente institucional.

Así, la pérdida acelerada de biodiversidad marina y terrestre, el avance de la desertización, la pérdida de masa forestal y de terrenos de cultivo, la emergencia hídrica, la repetición de fenómenos meteorológicos extremos (Olas de calor-episodios de calima-lluvias torrenciales), el aumento en la frecuencia e intensidad de los incendios forestales, la contaminación ambiental, los vertidos incontrolados al litoral, el debilitamiento de los vientos alisios, el adelgazamiento del mar de nubes…etc. no encuentran compensación ni siquiera a través de la creación de refugios climáticos en las zonas urbanas basados en el mantenimiento de la arboleda.

Hablemos de otra evidencia científica: sin un medio ambiente saludable no puede haber salud, ni física, ni mental ni social para las personas. No es solo que las temperaturas extremas provoquen muertes evitables. La contaminación atmosférica y del litoral, así como los episodios de calima tienen un efecto multiplicador sobre las complicaciones de las patologías pulmonares, cardiacas, sobre la alimentación y la salud mental que, una vez más, recaen sobre la población más vulnerable: (Personas con patologías previas, ancianos, niños…) y sobre las personas que se encuentran bajo el umbral de la pobreza (Más de un 30% en Canarias donde se incluye la pobreza energética y habitacional)

Aunque desde hace siete años fuese declarada en sede parlamentaria para Canarias la emergencia climática, con el compromiso de elaborar un plan de acción, hoy nos encontramos sin medida práctica alguna, y lo que es peor, sumidos en una política suicida que continúa apostando por el desarrollismo, la emisión de vertidos que convierten nuestras costas en una cloaca y una delirante promoción turística y aumento demográfico que ejerce una presión sobre el territorio y nuestro espacios naturales, imposible de sostener. Una política esta, la del actual gobierno de Canarias que, por la vía de los hechos, emula el negacionismo climático de la derecha y la ultraderecha española (PP y Vox).

Canarias, 25 de julio de 2026.