Carlos García García es médico especialista en Traumatología y Ortopedia, doctor en Medicina y Cirugía, ha sido representante sindical por INTERSINDICAL CANARIA en el Hospital Universitario de Canarias por más de 20 años, investigador y escritor en torno a la historia y cultura popular de Canarias, con una treintena de publicaciones realizadas en torno a ella, folklorista activo y participante en los grupos de música popular canaria, Sabandeños y Atlantes, y con reconocimientos y premios varios en el ámbito cultural del archipiélago. Nos ocupamos hoy en su faceta de profesional de la sanidad pública canaria
1.- La alternancia al frente de la Consejería de Sanidad, primero con CC y, luego, PSOE, según todos los indicadores, no ha supuesto grandes variaciones en las deficientes prestaciones, a que cree que se debe y que espera del nuevo gobierno Autónomo.
Pocas son las diferencias, que las hay sin duda, entre estas dos formaciones políticas, PSOE y CC, que han gobernado y gobiernan Canarias en materia sanitaria. Creo que, con Coalición Canaria, que ha mantenido el poder durante 26 años en este archipiélago, la gestión de la sanidad pública ha padecido mucho mayor amiguismo y clientelismo en la misma; los criterios economicistas que siempre han planteado los anteriores consejeros de sanidad y los directores del Servicio Canario de Salud así lo demuestran.
En toda esta fase anterior he podido comprobar los recortes económicos implantados, las privatizaciones de los servicios, los sanitarios e incluso de otra vertiente, ya fueran de lavandería, de limpieza, de comidas y otros, que mermaron la capacidad y dieron lugar a la infrautilización de los recursos que nuestros centros públicos ofrecían para ello.
El alto índice de privatización que sufrimos en Canarias se debe a esta gestión neoliberal de la sanidad, pensada como un gran negocio económico, que facilita la incorporación de multinacionales y de los seguros privados para repartirse beneficios en contraposición de ofrecer mejores servicios a la ciudadanía. Se estima un aumento de un 80% de beneficios en estas empresas de salud desde las crisis económicas y sanitarias que asolaron el estado español y el aumento de los seguros privados ha sido exponencial.
Recordar la nefasta etapa del consejero de sanidad Baltar, que provenía de la dirección de clínicas privadas y que pasó a dirigir la pública junto con el director del SCS Conrado Domínguez, de tan infausto recuerdo.
El gasto público en sanidad de nuestra comunidad es el penúltimo por la cola de todas las autonomías, lo que redunda en los aumentos de las listas de espera, con 144 días de espera para una intervención quirúrgica, o una espera de 118 días para una cita en atención especializada. Sin olvidar del desmantelamiento crónico producido en la Atención Primaria, que se ha refrendado con la pandemia del coronavirus.
Canarias sigue siendo una de las regiones con menor inversión sanitaria, la sexta más baja del Estado, lo que trae consigo las bajas ratios existentes en el personal sanitario, de médicos y de enfermeros.
Tampoco he notado diferencias notables en esta última legislatura del PSOE y su coalición de gobierno pues las deficiencias sanitarias se han mantenido en alto grado.
Como es habitual, en todo cambio de gobierno se prometen y se ofrecen soluciones que luego casi nunca se cumplen, y es lo que hemos conocido estos días tras el arribo nuevamente de Coalición Canaria al mismo. Dada la experiencia que me dan casi 42 años de ejercicio sanitario, poco puedo fiarme de todas esas promesas, máxime conociendo de antes, como se gestionaba y se planificaba nuestra maltrecha sanidad pública. En mi opinión no son fiables estas nuevas promesas y ya veremos lo que nos depara el futuro inmediato y medio de la nueva gestión.
2- ¿Cuáles entiendes que debe ser las primeras acciones para cambiar el rumbo de la sanidad pública canaria?
2.- La gestión de la sanidad pública pasa por despolitizar la misma. Llevamos muchas décadas solicitando a los dirigentes políticos que dejen en manos profesionales la planificación, la dirección y el control de la sanidad y de la salud y que la ingerencia política, que tantos réditos electorales parece producir, deje de incidir en este derecho fundamental de las personas.
La sostenibilidad de la sanidad no será posible si no se plantean, en primer lugar, situaciones de prevención a todos los niveles; los sociales en primer lugar pues Canarias es una región vulnerable en ello: pobreza alta, desigualdad social, con condicionamientos alimentarios, escasez de dieta saludable, y de ahí patologías de gran prevalencia como obesidad, diabetes, hipertensión…
Este papel de prevención está muy relacionado con la Atención Primaria, que juega un papel secundario en el contexto sanitario, que no se defiende y potencia desde la administración, y que continúa siendo la hermana pobre en el sistema. Falta de presupuesto, de profesionales, de autogestión y capacidad de maniobra autónoma, con potenciación de la atención especializada y hospitalaria, con grandes inversiones tecnológicas, fomentando consumo de medicamentos que no llegan a solucionar el problema.
Y últimamente empleando gran tiempo de su labor en atender problemas administrativos y burocráticos que restan a la asistencia sanitaria lo que realmente precisa: tiempos de consultas y de cara a cara con el paciente.
El sector de Enfermería está infradotado y utilizado, sin un protagonismo básico y esencial en tareas de formación y prevención ciudadana, al igual que en la asistencial.
No existe prácticamente la atención a drogodependencias, a la salud mental, a la bucodental, a los pacientes crónicos y dependientes.
Todo ello parece un problema de voluntad política que no termina de solucionarse.
Si no existe un aumento de los presupuestos en todas estas materias, poco cambiará la situación, en la que los políticos de turno están más preocupados por su parcela de poder y electoral que en otra cosa. Es por ello necesario la gestión profesionalizada y no política.
Si no convertimos la Atención Primaria en el eje fundamental y prioritario del sistema sanitario, todo vendrá posteriormente cojo.
Es fundamental la participación ciudadana en este contexto, con decisiones que se plasmen en aspectos fundamentales de la salud, con la puesta en marcha real y efectiva de los planes de salud que siempre están pero que no funcionan.
3.- Aunque el gobierno esconde los datos del conjunto de Canarias, ahora se ha podido saber que sólo en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, unos 200 médicos trabajan en la Sanidad pública sin tener especialidad. Qué opinión te merece.
El empleo de facultativos médicos sin especialidad o sin homologación de su titulación es una práctica habitual en el Sistema nacional de salud. Lo permite la Ley General de Sanidad amparándose en “cuando prime el interés del paciente”.
El Servicio Canario de Salud lleva unos 25 años practicando este sistema de contratación que no debería existir por ser un fraude al trabajo que se realiza cara al usuario y, además, se realiza con contratos eventuales y precarios en puestos deficitarios de forma crónica, como en los pediatras, donde la especialidad la ejercen, en un 30% o más, médicos sin ella.
Viene siendo una forma de “alegalidad” que se perpetúa en nuestro sistema por falta de médicos especializados, lo que entronca con el sistema MIR de formación de los facultativos, que es restringido y que debería cambiarse para paliar esta anómala situación.
Siempre se ha dicho que es mejor disponer de un médico, aunque no tenga especialidad, que no tenerlo y cerrar consultas y servicios…Es cierto que son licenciados en Medicina, pero la perpetuación de este hecho es un claro deterioro de la sanidad que estamos ofreciendo a la ciudadanía.
Y la falta de transparencia que el Servicio Canario de Salud muestra en este tema, hace sospechar intereses ocultos en el número de contratos de médicos sin especialidad, y cúales son las distribuciones en los centros donde ejercen.
Se especula que, desde hace casi 5 años, las bajas laborales médicas que se cubren con este tipo de licenciados sin especialidad, llegan hasta el 80% de las mismas, lo que significa que algo falla y que hay que solucionar.