Ha sido morirse el papa Francisco y sacar la patita el sector reaccionario dominante en el episcopado español. Quizá tanteando hasta dónde van a poder llegar sus actuaciones con el nuevo papa. En el contexto actual, a menos que reciban un apercibimiento directo de León XIV, pueden desmelenarse y sacar a la venta todo su catecismo del nacionalcatolicismo.
Las generaciones nacidas en los últimos 50 años no pueden hacerse una idea del nivel de sojuzgamiento de la población que el fascismo eclesiástico impuso en España. De cómo convertían en obligatoria la práctica de su religión, si no querías caer en desgracia. De cómo humillaban a los niños en la iglesia y en la escuela si sus padres no habían ido a misa el domingo. De cómo bendecían cada asesinato del régimen porque, salvada el alma, poco importaba que el cuerpo muriera.
Las gentes que ya cumplimos los 60 sabemos bien de la impunidad en los abusos sexuales, económicos, y morales que la jerarquía católica cometió. Nunca fueron juzgados. ¿Todos los curas fueron así? No, todos no. Entre los religiosos de base hubo mucho sacerdote que estuvo con los pobres. Pero entre los cooptados para la cúpula eclesiástica, la gran mayoría estuvo con la dictadura y procuró que durara.
En esto poco han cambiado. Casi 50 años de democracia para la población civil, no han servido para que los obispos democraticen su iglesia. Ahí todo sigue siendo caspa, sotana y cooptación.
Toda la organización es así, desde la más recóndita misión hasta la cúspide del Vaticano. ¿Hay elecciones para Papa? Nop, sólo votan unas pocas decenas de hombres que fueron cooptados para ser cardenales. Es decir, unos tipos viejos, que nunca criaron niños, ni mantuvieron una familia, o pagaron un alquiler, pero que fueron designados cardenales por el democrático dedazo papal.
¿Y para obispo? ¿Hay elecciones democráticas? Nop. Ninguna mujer vota. En nada. Pero el conjunto de cristianos que componen la diócesis tampoco vota. De nuevo el dedazo. La cooptación. Tú sí, tú no, según me caigan.
Entonces, siendo jerarcas de una organización antidemocrática en sus prácticas cotidianas, cuando aún están vivas un par de generaciones que recuerdan el nacionalcatolicismo como doctrina sostén de la dictadura, ¿Por qué, en vez de taparse sus vergüenzas, se consideran legitimados para hablar más allá de sus fieles y pedir elecciones generales en un Estado aconfesional?
Llegados aquí, y ya que ellos han decidido sumarse “al que pueda hacer que haga”, creo que podríamos legislar para que ninguna organización religiosa cuya práctica sea antidemocrática pueda recibir un solo euro del Estado. Cada alma un voto. Y atrás quedaron los tiempos en que las mujeres no tenían alma.
Antonio Cabrera de León