Estimada Letizia, te escribo como reina que eres del país que habito. Como sabes por mis cartas anteriores, soy republicano y, por tanto, antimonárquico. Que anda por ahí mucha gente que declara ser republicana de postureo pero no antimonárquica porque ellos no son anti nada. Como si se pudiera ser demócrata pero no antifascista. Qué cosas. Pero en fin, perdona la digresión y vamos al asunto de mi carta.
Verás, me he enterado por la prensa extranjera de que estás siendo acosada, no sé si también chantajeada, por gentuza de la extrema derecha que se ha dedicado a divulgar tu supuesta infidelidad conyugal; que habrías convertido a Felipe 6 en Cornudo 6, vamos. Tal cosa me importa un bledo y supongo que puede haber habido otras muchas infidelidades de él hacia ti, probablemente previas a la tuya, pero de las suyas no publican nada.
No obstante, aunque las infidelidades conyugales me traen sin cuidado y creo que es algo que sólo atañe a cada pareja, entenderás que me ocupe del caso porque toda circunstancia que afecte a la jefatura del Estado debe interesarnos. Para empezar, en este país sobre el que reinas es normal que nos enteremos de asuntos de nuestros reyes por la prensa extranjera, lo cual demuestra que la nuestra sigue siendo una prensa lacaya que se presta a la omertá sobre la famiglia. Y no me creo que tú y tu supuesto cornudo no estén detrás de esta explosión de silencio.
Pero eso aparte, me preocupa mucho el uso que de esto pueda estar haciendo la ultraderecha para chantajear a la reina o al rey de mi país. Por lo visto hay un macarra del peor estilo imaginable que se ha dedicado a contar “que yo me follé a la reina” y que asegura tener fotos tuyas desnuda y en palacio. No sé si posadas o robadas. No te alabo el gusto pero cada cual elige sus compañías.
Pero además leo, y no sé por qué no me produce asombro, que hay quienes ven en esta divulgación de tu vida íntima no tanto un chantaje como una venganza de tu suegro. No de tu primer suegro, sino de este de ahora, Juancar el emiratí. Desconozco la verosimilitud, pero de semejante bribón me creo lo que me cuenten. Y la gravedad sería la misma que la del posible chantaje que ya mencioné anteriormente: enorme.
Llegados aquí, entenderás que has quedado expuesta y la corona no puede estar más debilitada. Después del generalizado desprecio hacia un rey ladrón, lo único que le faltaba es la chanza hacia el uso de la familia real como pantalla de cartón piedra, detrás de la cual cada uno hace vida con las Corinas y los macarras que sea.
Expuesto el caso, quiero animarte a que uses tu gran conocimiento de la comunicación mediática. Larga, Letizia, canta. Lo digo en serio. Como reina no movería un dedo por ti, pero entiendo que aquí hay toda una operación de acoso contra una mujer y de paso contra la jefatura del Estado. Larga, Letizia. Elige el medio, o convoca una rueda de prensa; agarra el toro por los cuernos, con perdón, y sola o acompañada de Felipe preséntate ante las cámaras con un “Sí ¿Y qué?” Deja claro que tu vida íntima es sólo asunto tuyo y de tu pareja y que los reyes no aceptan presiones ni chantajes. Corre porque mañana será tarde. Un último detalle, que no creo que se te escape: antes de comparecer filtra los nombres de los cuernos que te puso Felipe a ti y las fechas. Si no los hay y no fueron anteriores a los tuyos, estás perdida.
Antonio Cabrera de León