LA VIDA ES UN DERECHO, NO UNA MERCANCIA
Tu salud y la de las personas a las que quieres es lo más importante y valioso que tienes. Sin ella, para nada te valen las cuentas bancarias, las propiedades o los lujos. Cuando la enfermedad aparece -antes o después y casi siempre sin avisar- ya no te basta con tener dinero. Necesitas que haya una legión de personas y muchos medios materiales dispuestos para atenderte y que todos ellos no tengan otro objetivo que sanarte y cuidar de tu vida.
En España, como en otros países avanzados, gozamos de un auténtico privilegio: disponemos de un sistema sanitario dispuesto a devolvernos la salud en cualquier momento, poniendo todo tipo de medios a nuestra disposición para lograrlo y sin pedirnos la tarjeta de crédito al entrar al hospital, sin preguntarnos cuánto dinero tenemos.
Es un sistema sanitario de acceso universal, basado en un principio de solidaridad y financiado con la contribución de todas las personas gracias a los impuestos que pagamos en función de nuestra capacidad de pago (cuando funciona bien y los que más tienen no logran evadir su obligación de contribuir como lo hacemos los demás).
En los últimos tiempos, sin embargo, este sistema está en peligro. Grupos económicos y financieros muy poderosos desean hacer negocio también con nuestra salud y trabajan para privatizar la sanidad.
Lo que te juegas con ello es mucho y es muy fácil saber las consecuencias que tiene: infórmate si no lo sabes y piensa por un momento en lo que cuesta cualquier tratamiento o intervención un poco complicados en un hospital privado. Pregúntate si tú podrías financiarlos con tu sueldo. O si está a tu alcance la prima que tendría que cobrarte un seguro para poder cubrirte hospitalizaciones o tratamientos que pueden costar muchos miles de euros.
Cuando se dificulta el acceso a la atención sanitaria, lo que se pone en juego es tu salud y bienestar. Esto es lo que hoy día está ocurriendo y lo que voy a intentar explicarte en estas páginas para que seas consciente de que la privatización del sistema sanitario pone en peligro tu vida.
SE TRATA DE TU VIDA
El escándalo que ha producido en España la divulgación de unas órdenes del consejero delegado de la empresa privada que gestiona un hospital público de Torrejón (Madrid) ha puesto sobre la mesa el debate sobre las ventajas e inconvenientes de la expansión de la sanidad privada.
Se trata de una cuestión muy importante por varias razones:
– Lo que ocurra con el sistema sanitario nos incumbe de lleno a todas las personas, puesto que de ello depende nuestra salud, nuestra calidad y nuestras condiciones de vida, y que podamos alargarla más o menos.
– Estamos acostumbrados a utilizar la sanidad pública sin pagar en el momento en que la utilizamos y eso nos hace creer que es gratis. No nos percatamos del esfuerzo tan grande que hemos debido hacer entre todos para que nos puedan atender en cualquier centro sanitario, por mucho que vaya a costar el tratamiento que vayamos a recibir. No somos conscientes de lo que cuesta realmente el solo hecho de poner el pie en una consulta de urgencias (150-200 euros), una noche de hospitalización (entre 400 y 1.300 euros), una operación de apendicitis (entre 2.500 y 6.000 euros, según las complicaciones) o el tratamiento de un cáncer de mama (que puede llegar a los 50.000 euros), por poner solo algunos ejemplos.
Por inercia, cuando pensamos en sanidad privada tendemos a creer que esos mismos servicios los recibiremos también gratis, e incluso mejor y más confortablemente, gracias a un seguro privado que hoy día se nos ofrece por cantidades que nos parecen muy baratas y asequibles.
Las cosas, sin embargo, no son así. Hay que saber que el conjunto del gasto sanitario en España supone alrededor del 10% del PIB y, como veremos, el sistema sanitario privado es aún más caro y conlleva la utilización de aún más recursos.
– Se nos olvida pensar que esos seguros son también negocios privados que solo pueden ofrecerse si proporcionan ganancia. Es decir, si los suscriben personas que no gasten en servicios sanitarios más de lo que pagan. Dicho de otra manera aún más clara: no se permitirá que los suscriban personas que padezcan enfermedades, o tengan alta probabilidad de padecerlas, cuyo tratamiento sea caro. Salvo que paguen primas muy elevadas, o acepten exclusiones o carencias que las dejen fuera de cobertura.
– En España, hasta ahora, la sanidad privada es relativamente barata porque se hace cargo de lo que es más barato y rentable y deja a la pública lo más costoso. Pero, a la larga, si dejamos que siga deteriorándose esta última (lo que le interesa a la privada) estaremos obligados a suscribir seguros cada vez más caros y con menos cobertura asequible, lo que dejará sin acceso suficiente a la sanidad a cientos de miles de personas, tal y como ocurre en los países, como Estados Unidos, en donde predomina el sistema privado. Un horizonte y una experiencia ajena, sin embargo, de los que nunca nos hablan.
– Quienes defienden la privatización de la sanidad no lo dicen abiertamente. Si escuchas sus discursos con atención, comprobarás que en ningún momento afirman que pretendan acabar con la sanidad pública; muchas veces, incluso se presentan como sus defensores. Casi siempre proponen la colaboración entre ambos sistemas para hacer frente a la crisis del sistema público, sin hacer referencia a que eso termina siendo un paso intermedio hacia la privatización más avanzada con resultados negativos, porque ambos tienen naturaleza, objetivos y formas de proporcionar los servicios muy diferentes, de modo que esa colaboración, como veremos, difícilmente puede ser estructuralmente beneficiosa para ambos sin generar efectos perversos sobre el sistema público. Y, por supuesto, sin mencionar que esa crisis no es sólo consecuencia de la escasez de recursos, sino también del trasvase sistemático de recursos públicos hacia la sanidad privada.
– Quienes defienden la sanidad privada nunca hablan de lo que son y de lo que, por tanto, persiguen: ocultan que son empresas cuyo objetivo es ganar dinero y que es imposible hacerlo ofreciendo servicios a quien no dispone de recursos suficientes para pagarlos. No muestran o reconocen que, para aumentar sus ganancias, deben reducir sus costes al máximo y centrarse en ofrecer los servicios más rentables, eludiendo los más costosos o los que no les proporcionan beneficio.
– Quienes defienden la sanidad privada nos hablan siempre de sus ventajas, de lo espaciosas que pueden ser las habitaciones, de listas de espera más cortas o de una atención aparentemente mejor. Pero apenas se refieren a la mayor mortalidad evitable que se produce cuando el sistema sanitario se orienta por criterios de rentabilidad, como muestran numerosos estudios comparativos internacionales que veremos más adelante.
– Detrás de la sanidad privada hay grupos empresariales y financieros muy poderosos. Cada vez más, porque en el sector se concentran inversiones multimillonarias. Tienen influencia no sólo en el ámbito sanitario sino en los medios de comunicación y en los gobiernos, corrompen y hacen favores para comprar voluntades. Frente a ellos, la gente normal y corriente queda indefensa si no se informa bien y actúa, porque es natural que cualquier persona haga lo que sea necesario, sin mirar lo que le cueste y endeudándose hasta las cejas, si así cree que puede salvar la salud o la vida propia o de sus seres queridos. Eso proporciona una ventaja muy asimétrica a las grandes empresas sanitarias que les permite difundir un relato fantástico sobre su actuación y sus propósitos que confunde y engaña.
Tu vida y la de todos los tuyos dependen de que exista un buen sistema sanitario. Y, sin embargo, no hay claridad, ni sinceridad, ni transparencia cuando se habla de lo que supone el deterioro del sistema público, de por qué se produce realmente o de los efectos que tiene la expansión paralela del sistema privado. Literalmente hablando, nos estamos jugando la vida. Y, aun así, no se exponen con claridad las ventajas y los inconvenientes reales de cada uno de los sistemas, ni lo que va a ir ocurriendo a medida que la sanidad pública se debilite y avance la privada. Aceptamos sufrir la peor de las cegueras, la que José Saramago decía que padece quien, viendo, no ve.
Esa ceguera en relación con las ventajas e inconvenientes de los distintos sistemas sanitarios y con sus efectos sobre la salud de los seres humanos es especialmente lamentable. No sólo por su evidente trascendencia, sino porque basta con informarse mínimamente para ver la luz. Hoy día disponemos de abundantes evidencias para poder sostener con seguridad y rotundidad lo que implica el predominio de lo público y lo privado en materia de sanidad y cuidado de nuestra salud. Conocemos perfectamente cuáles son los costes y consecuencias de cada sistema. Lógicamente, siempre que se quiera descubrir la realidad y no se actúe bajo el patrocinio o en nómina de quien se enriquece a costa de la salud y la vida de los demás.
Los hechos que conocemos muestran claramente que la sanidad privada no es solo peor que la pública, sino incluso mortal, porque en ella se produce un mayor número de muertes evitables. Algo que puede resultar duro de leer, pero que responde a un hecho elemental: la empresa privada de atención sanitaria no tiene como objetivo prioritario sanar, sino ganar dinero.
Las declaraciones del responsable de la cadena hospitalaria Rivera que gestiona el hospital de Torrejón (ordenando aumentar las listas de espera y rechazar pacientes para ganar más dinero) y lo que se ha comenzado a saber después (empleados del hospital de Torrejón recibieron la orden de reutilizar material sanitario de un solo uso, por ejemplo) lo ratifican claramente.
Puesto que el debate está lejos de acabar, es importante que la gente corriente esté bien informada. Cualquiera que sea tu condición, es muy importante que conozcas y sepas explicar a otras personas, con la mayor claridad posible, las ventajas e inconvenientes reales de la sanidad pública y de la privada. La expansión de esta última se está produciendo de un modo muy soterrado. Como he dicho, sin reconocer abiertamente que se persigue privilegiarla a costa de la que proporciona servicios con carácter universal, de la que no excluye a nadie porque es financiada por toda la población, en función de su capacidad de pago. Un privilegio común que, si se transforma en negocio de unos pocos, no sólo afectará al bolsillo, sino a la salud y a las condiciones de vida de la inmensa mayoría.
Tener buena información es fundamental para que la ciudadanía sepa lo que está pasando y pueda enfrentarse a las empresas que solo buscan el interés privado a costa de la salud y la vida de millones de personas, y a los políticos y periodistas que están a su servicio, e incluso en su nómina, muchas veces, sin ni siquiera reconocerlo y advertirlo.
Con la intención de contribuir modestamente al debate, he resumido en las páginas que siguen, del modo más breve y claro posible, las razones a favor y en contra, las ventajas e inconvenientes, de la sanidad pública y de la privada. No trato de convencer a nadie. Simplemente ofrezco argumentos que no son los que habitualmente se ponen sobre la mesa y difunden cuando se toman decisiones de política sanitaria por los gobiernos que defienden la privatización sin decir que la defienden. Animo a leerlo con espíritu crítico. No a creerse todo lo que expongo, sino a tomarlo como punto de partida para informarse y comprobarlo con criterio propio. Como dijo Francis Bacon, la duda es la escuela de la verdad.
Juan Torres López